domingo, 24 de julio de 2016

24 de julio de 2016. Domingo.
SINFONÍA INACABADA

Algo que empieza, en el jardín. F: FotVi

-Candela es el centro y la periferia; es el punto y la perspectiva, de ella -lugar de Dios- parte todo. Más que en una razón teológica, Dios anda en la inocencia, como en la humildad o en el silencio. O en el sufrimiento. Como en cualquier otra niña (o niño) de su edad: cinco años. Por eso, cuando muere un niño, muere algo de Dios. Y todos los días muere algún niño, incluso violentamente. En el mar, en un atentado, de hambre, de enfermedad, de olvido. Aunque diga Borges que la muerte es una vida vivida, y la vida una muerte que viene, no me convence, pues en el niño no hay vida aún vivida, sino vida empezada y no acabada. Vida inaugurada, pero no finalizada. Es una sinfonía inacabada, un bosque sin cuajar, un manantial que no acaba en río. Es un mar que empieza sólo, una rosa que no llega oler porque no abre, es todo un mundo roto en pedazos de infortunio y de soledad. En el niño que muere, se muere la vida, se vierte la última gota de lo que a partir de él va a ser un desierto, sin oasis, sin un pájaro que cante al otro instante que ya no será, será un no estar porque no ha llegado. Se detiene el instante, se para la ocasión de ser, de estar, de pronto un destello y todo se detiene, todo es oscuridad maldita. Se abre como un circo de horror el silencio de la muerte, y todo se calla. Pavorosamente. Por eso, yo anciano, sin esforzarme, vivo en Candela mi otra niñez, y la nombro centro y periferia de mi vida, y en ella veo a Dios, y toco el porvenir con la ilusión de un niño al que le cuentan cuentos y se los cree; en ella, Diario, soy ese niño que, en mi tiempo de niño, quizá no pude ser (17:59:41).

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