viernes, 28 de julio de 2017

28 de julio de 2017. Viernes.
ANGUSTIAS

Coro de los ángeles, en Catedral de Murcia.

-Parafraseando a Ortega diré que yo soy yo… y mis angustias. Con todos los ahogos y las desesperanzas de su alrededor. Estamos en un mundo de quejidos, de terribles desasosiegos, de penas sagradas. Todos reímos o lloramos según las circunstancias, según soplen los vientos. Ayer reíamos por el oro de Mireia Belmonte en natación (Campeonato del Mundo), para más tarde llorar por la muerte de la niña Lucía Vivar, perdida y hallada muerta junto a las vías del tren. Dicen que anduvo tres kilómetros entre vías y matorrales, desniveles y otros peligros. Hasta que un golpe -no se sabe de qué, de quién- la mató. Lloro por sus padres, y rezo por Lucía. Que el mundo de los ángeles la acompañen. Diario, yo soy yo... y mis pavorosas angustias (19:32:33).

miércoles, 26 de julio de 2017

26 de julio de 2017. Miércoles.
EL SUDARIO

Soñando la utopía, antes del Descubrimiento. En Las Palmas. F: FotVi

-Seguimos posmodernizándonos; superada la modernidad, nos instalarnos en la posmodernidad, que es otro modo de modernización, solo que líquida, frágil, maleable. Es decir, volátil, inconsistente. Ocurre con todo proceder humano: primero, la verdad, la real; luego la pos-verdad, o la no verdad, o la mentira envuelta en papel de celofán. Antes la modernidad, o la era de la lógica y la razón; luego, la posmodernidad, o la crítica del racionalismo y el culto a la individualidad, con la ausencia de interés por el bien común. O sea: desencanto y apatía, o liberación de toda utopía. Todo es relativo y vulnerable, dice el posmoderno, solo tiene valor el presente y lo que se puede tocar y gozar, o consumir. Todo es un balbuceo de lo posible contra lo imposible, y lo posible es lo que está al alcance de la mano, lo que se puede alcanzar inmediatamente y gustarlo, saboreándolo. No hay sueños ni utopías, dicen, sólo ojos que ven y manos que tocan, lo inmediato. Se nos ha dicho que el futuro está en el viento de la utopía, del ensueño. Hay quien no acepta este modo de pensar. Pero los hay que sueñan con volar por cielos imposibles, intocables, donde esperan hallar el porvenir y nubes que puedan venderse como ocurre en el cuento de Elena Poniatowska. Y mientras, en Estrasburgo, un bebé va a morir, en contra del criterio de sus padres, que no pueden decidir ni cuándo ni dónde dejará de existir su hijo. Se les irá de las manos, como un maravilloso sueño, donde acampan las estrellas. Posmodernizados, pues, Diario; o prohibido soñar y poder tocar la trascendencia, su sensible y mística piel, tan deteriorada en estos tiempos. Es el drama -como un sudario- de nuestro tiempo: el tuyo y el mío, el de todos (11:44:41).

domingo, 23 de julio de 2017

23 de julio de 2017. Domingo.
UN NUDO

Llora el tejado, en Google.

-Salgo a la puerta a despedir a la familia. Me noto un nudo en la garganta, y no es el de la corbata. El último beso -distraído: atiende a un mono de peluche- me lo da Candela. Pero me dice: «Mañana ve a comer a casa de la abuela». Hace un calor sucio, que se agarra al cuerpo, despótico. Me doy la vuelta y me alejo del coche; pero sigue el nudo en la garganta, y, Diario, no uso corbata (20:19:19).
22 de julio de 2017. Sábado.
LA NIEVE QUE ARDE

Humilde belleza, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Oigo la música de Haydn como el que oye la nieve arder, o al viento hablar. ¿Cómo crepita la nieve al arder: tal cual rama seca de un árbol? ¿O la nieve no crepita, solo luce? Así es la música de Haydn. Es fuego y nieve, viento y luz, suavidad y plenitud, que destellan. Estoy oyendo su obra Las Estaciones, y después de catar la Primavera, me paso al Verano. Voy recorriendo los diferentes acontecimientos musicales que relata el autor: la salida del sol («como un velo gris irrumpe la primera luz de la mañana»), la tarea del pastor («el alegre pastor reúne su rebaño»), y los demás elementos que adornan el Estío, hasta llegar al tiempo de la tempestad («¡ay, la tempestad se acerca!»), y, que entre ruidosa y despiadada, con un fortísimo de toda la orquesta y una flauta que anuncia los relámpagos, se va debilitando hasta hacerse un pianísimo de cuerdas temblorosas, que semeja el aire o aliento contenidos para lo que a continuación será el Otoño o la serenidad complaciente, la belleza que se aja, que se desvanece en el Invierno, pero que también es belleza, otra belleza. Yo canto la belleza del instante, esa que reluce en la flor o en un amanecer o puesta de sol, o en la gota de agua que, al deslizarse por sí misma, queda helada en la estalactita de un carámbano. Dudando entre el cielo y la tierra. O en la hormiga que se afana. Y es que la belleza, como dijo el poeta y pensador Emerson, no se halla en este o aquel lugar, en esta o aquella cosa, sino que va con nosotros. Con cada uno, Diario, si la sabe descubrir, o vislumbrar; y, mientras, el mundo se enfrenta a múltiples carencias: la paz, la justicia, la igualdad, la fe, la libertad, la piedad, la esperanza, y, sobre todas las cosas, el amor, donde se vislumbra -o se paladea- a Dios, se silabea (18:21:47).

miércoles, 19 de julio de 2017

19 de julio de 2017. Miércoles.
AVERÍA

En primavera, siempre en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Cuando la técnica se burla de uno, hay que dejarla como se deja una rueda de carro que se avería. A la orilla del camino y sin volver la vista atrás. Como aquellos carros del oeste que buscaban oro y se encontraban con los pieles rojas, que, tras el enfrentamiento, les dejaban en tierra de nadie, y tirados. Es lo que me ha pasado a mí con el carro de ir y volver de cierto saber de internet, que me ha dejado tirado en el camino. No es que no esté, que sí está, es que nunca llega. O sea: que es más lento que dar pasos hacia atrás para alguien que quiere llegar a la meta. A mi ordenador no le van los aires de playa, y a cada paso que da le faltan dos para abrir un programa; es decir, da y da vueltas la ruedecita que indaga sin parecer hallar lo que busca, hasta que, luego de un espasmo, lo encuentra. Y así, Diario, una y otra vez; hasta que me canso y -con un poco de desesperación- lo mando, con una sonrisa y sin ánimo de ofender, a freír espárragos; espárragos, que, por supuesto, no fríe: ¡le cuesta tanto! (20:15:44).

martes, 18 de julio de 2017


16 de julio de 2017. Domingo.
LA MAR PEQUEÑA

-Se abre la fiesta en San Pedro del Pinatar, como se abre un libro. Con mimo, con dedos sabios y luz en la mirada, con dedos de modular arcilla, dedos industriosos. Una fiesta de tierra y mar, de Virgen y Salve marinera. La imagen de Nuestra Señora del Carmen camina primero, como romera, de San Pedro a Lo Pagán; la sigue una multitud, que entona vivas. Luego la suben a una barca para que ande sobre las aguas de la mar pequeña (el Mar Menor, que, como dice el poeta, «un día soñó con ser océano»). Como Jesús, aquel día de tormenta, en el lago de Genesaret, cuando el miedo de sus apóstoles. El miedo, o ese bicho roedor que anda por los ojos y por el cuerpo, y que, con gestos de abandono, te hace gritar. El miedo empuja al grito y este lo expresa, lo dice; y si hay una mano entonces que te coge y te salva del miedo, sacas el gozo y lo expresas, asombrado, con los ojos muy abiertos. Hoy, al decir Carmen, se me hace la boca agua y música de cuerda el corazón. Lo mismo que al mar, lo mismo que a miles de personas que han rezado en silencio y que, en las recogidas aguas de este mar (que se nombra por lo que es, Menor, sin ningún adjetivo más), han vitoreado a la Virgen y la han celebrado con lágrimas y con aplausos, y con silencios. Los silencios de las miradas y de la oración. El silencio de la contemplación. Silencio roto por la Patrulla Águila, que la ha vitoreado desde el aire con sus acrobacias y los colores de la bandera de España, como signo de otra adoración más etérea y espectacular. Luego, de madrugada, Diario, la Virgen ha vuelto a San Pedro, con más paz y menos ruido, pero pensando ya en la vuelta a Lo Pagán, el año que viene…, si Dios quiere (11:16:39).

viernes, 14 de julio de 2017

14 de julio de 2017. Viernes.
LIU XIAOBO

Humildemente luciendo, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Venía el día cargado de brumas; brumas que ha desgarrado el sol nada más empezar su escrupuloso y cálido recorrido hacia el ocaso. El sol, desgarrando brumas, se ha dejado ver luego, para calentar el ambiente y darle un toque veraniego al día. El día que, entre sorbos de agua y somnolencias, se derrite en espasmos. Y mientras, en el día a día, muere el Nobel de la paz Liu Xiaobo. Nobel de la paz o de la mirada amable, de la mano tendida, de la palabra en vez del obús o el insulto. Él solo vivía para desarticular al adversario, al monstruo que lo vigilaba y trataba de hacer que se tambalearan sus principios, sus convicciones de libertad, de piedad, de amor. Quiso sacar a su país, China, del tumor de la maldad, del totalitarismo cruel y despiadado, de la miseria intelectual que impone el dictador (o el Partido), sumo dios perverso. Dejó de guerrear para centrarse solo en el logro de la paz, por medio de la palabra serena y constructiva, iluminada, creadora. Liu Xiaobo escribió: «Espero poder disipar el odio con el amor». Como Gandhi, hizo la paz y no la guerra. Tendió la mano en vez del kalashnikov y le devolvieron la cárcel con un kalashnikov al otro lado de la puerta, vigilándole. Le prohibieron ir a recoger el Premio a Estocolmo, pero no han podido privarle de perseverar en la defensa, hasta la muerte, de los Derechos Humanos y de la dignidad de cualquier persona. Ha muerto en paz con su conciencia, y quizá pensando, Diario, en el proverbio chino que dice: «Quien hace el bien a los demás, se lo hace a sí mismo» (20:20:59).

miércoles, 12 de julio de 2017

12 de julio de 2017. Miércoles.
MIGUEL ÁNGEL

Manos blancas, en el jardín. F: FotVi

-Yo volvía de un viaje a Portugal, en un coche destartalado, con mi amigo José María Barquero. Veníamos hablando de cualquier cosa, nada trascendente. (Un descanso en lo trascendente, no viene mal, y suele hacer bien al pensamiento y al alma). De pronto nos enteramos del secuestro de Miguel Ángel Blanco, y paramos nuestros comentarios jocosos; nos centramos en pensar. Se detuvieron las palabras y abrimos los ojos. Llegado a mi destino, San Pedro del Pinatar, me horrorizó saber de su muerte. Dos tiros en la nuca, de rodillas, atadas las manos, y asustado. Humillado. ¿Le temblaría el pulso al ejecutor de la sentencia? Los dos tiros, que todavía suenan en muchos oídos, se los descerrajó en la nuca, un tal Txapote, sin un atisbo de piedad, sin un latido en sus pulsos que no fuera de odio y crueldad. Y yo me pregunto: ¿Cómo se puede vivir (o morir sin fin), en esa penuria espiritual y racional, bárbara? En aquel momento todo fue confusión y pavor. Y, de pronto, manos blancas alzándose por ciudades y pueblos como palomas, como signos de fe y de libertad, un clamor de rechazo al crimen y a la brutalidad, se afianzó la democracia, el convivir en paz. Aquel día, en la misa, no supe predicar, solo dejar escapar un lamento, y rezar. Y aún sigo rezando, Diario, por Miguel Ángel y por este país, que a veces hace cosas tan importantes como gritar en silencio, con las manos alzadas, por valores que nunca debiéramos olvidar ni poner en cuestión, valores de vida, de convivencia, de lealtad (19:58:36).

lunes, 10 de julio de 2017

9 de julio de 2017. Domingo.
APARTANDO SOMBRAS

Soñando, en el jardín- Torre de la Horadada. F: FotVi

-Se suele decir que se muere una sola vez, pero yo diría que, mientras vives, te vas muriendo muchas veces, con más o menos intensidad, instante a instante, sueño a sueño. El tiempo le va cobrando versos a la vida, hasta que la deja en la gran elegía, sin versos y solo en el recuerdo de otros, o en el borrón final. Borrón que, si lo llenas de vida y sueños, al fin se hace claridad. Ir encendido por los sueños, como alguien con una antorcha en un túnel, iluminando pasos y horizontes, y alertas. Apartando sombras como telarañas. El tiempo es siempre ahora, decía James Baldwin, poeta. Y Albert Einstein, científico: el tiempo es una ilusión. Baldwin era un realista, y Einstein, un soñador: el uno hizo poesía y el otro la teoría de la relatividad, otro modo de poesía. Porque realismo y sueño coinciden en lo que ambos son belleza y metáfora, número y palabra, sentimiento y vida. El uno por el camino de la vida, el otro, por el camino de las estrellas, pero ambos dando pasos desde el presente al futuro, o inaugurando el futuro en el presente. Es labor de los poetas y científicos hacer que el presente y el futuro se unan en los sueños, sueños que más tarde hacen que florezca liberada la realidad; liberada de su pesada carga de realidad. Pues como dijo Platón: «el tiempo es una imagen móvil de la eternidad». Y otro modo de poesía en el tiempo: la de aquellos que investigan y sacan luz para curar enfermedades que matan. Como el cardiólogo clínico e investigador Alberto Domínguez, que ha descubierto una molécula que recupera el corazón de personas infartadas. Así, Diario, se hace camino, y ciencia, y poesía, e historia, al andar (12:24:51).

viernes, 7 de julio de 2017

7 de julio de 2017. Viernes.
¿POR QUÉ?

Sin vuelos, en el mar. Salinas de San Pedro del Pinatar. F: FotVi

-Me despierto a las seis y el cielo viaja nuboso. Nubes negras. Salgo a andar y me mojan unas gotas, pero las recibo sin alarma: en verano es grato mojarse. Te bautiza festivamente el día. Se deslizan truenos por el lienzo del cielo. Los pájaros callan, mientras teclean gotas de lluvia en el árbol y la calzada. Los pájaros -sabios ellos- enmudecen cuando se rasga el cielo y hace versos la lluvia. Y con las lluvias de verano, la tragedia en el valle del Jerte, en una garganta del río: la de los Hoyos. En un santiamén, la lluvia y la consiguiente crecida del río inundaron y dieron caza a las vidas de cuatro personas: dos adultos y dos niñas, padres e hijas; estas, de poca edad. Se me agolpan la rabia y una oración en la boca; pero, aunque me cuesta, digo la oración y me trago la rabia. Dios sabe, me digo, y, percibiendo que nunca conoceré la respuesta, Diario, me pregunto: ¿Por qué? (19:20:19).

miércoles, 5 de julio de 2017

5 de julio de 2017. Miércoles.
MI CREDO

Inocencia, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Llegó la inocencia y se hizo luz. Al menos, luz para mis ojos, que allí donde hay sencillez y candor ven una llama en la que aletea la pureza de corazón. La pureza de corazón, o donde Dios habita. Es mi credo. Mi credo infantil y sin aristas, sin teologías. La teología entorpece la visión de Dios; del Dios niño,  inocente y amable, pero lúcido de sueños. El Dios niño que ríe y celebra todo, como si aquello que ocurre no fuera a suceder más. Que vive intensamente cada instante, como el que escribe su nombre con navaja y paciencia en el tronco de un árbol. Intensamente, regalándole al tiempo y al árbol su nombre, para que cada vez que el árbol lo lea recuerde al autor con una navaja en las manos, hiriendo, lesionando al árbol, pero con un sueño en los ojos: el sueño de querer permanecer. Hoy ha sido un día de luz en mi casa. Llegó Candela y se iluminó la claridad, e irradió mi mente, y hablaron los silencios. Pero ha durado poco: sólo unas horas. Hasta el día 15, Diario, no volverá el incendio, que se ha ido camino de Javalí, pero con la vista vuelta atrás, pesarosamente, como la uña que es arrancada de su carne, con un dolor pavoroso (19:58:25).

sábado, 1 de julio de 2017

1 de julio de 2017. Sábado.
TIEMPO DE DESGANAS Y BOSTEZOS

El ojo del verano, en Salinas de San Pedro del Pinatar. F: FotVi

-Me despierta un fresquito meloso y acariciador. Salgo al patio y respiro hondo, tan hondo que me parece inhalar tierra mojada. Son las seis de la mañana y me dispongo a andar. Me protege la carpa azul del cielo y sus pájaros cantores: el mirlo, el gorrión, el ruiseñor. Un hermoso concierto que parte de los árboles del parque. Mientras camino, pienso en aquellos que tienen recetas para todo: desde cómo conciliar el sueño cuando te desvelas o qué libros debes leer en los días larguísimos de verano. Porque veranear, salvo el tiempo de las copas, es tiempo de desganas y bostezos. Y de grandes e imaginarias lecturas. Yo no consiento que nadie me diga qué tengo que leer; suelo leer lo que me apetece, casi siempre clásicos, y alguna vez un best seller (o superventas), para liberarme a mí mismo de creer que el que no lee lo que yo es un menguado lector. Yo empecé a leer con el Capitán Trueno, y aquí estoy ahora leyendo todavía, dificultosamente, a Quevedo, a San Juan de la Cruz, a Borges, a García Márquez, a Octavio Paz, a Paco Umbral, a Italo Calvino, y volviendo alguna vez, con contento, de nuevo, al Capitán Trueno, donde vi por vez primera la luz de las letras. Goliat era un gordo fanfarrón que me entusiasmaba. El día, de pronto, se ha ennegrecido, entre truenos se abre el grifo de la lluvia, que, al poco, ha terminado. Unas gotas, y el sol reinando de nuevo en el verano. Como un coloso. El día, sin embargo, se ha refrescado. Yo, Diario, voy a releer La memoria de Shakespeare, de Borges, que consta de cuatros relatos y, con el Índice, forman un libro de 83 páginas en formato pequeño: una maravilla con Tigres azules. El tigre, un fuego que resplandece, según Blake (20:24:59.