viernes, 22 de septiembre de 2017


21 de septiembre de 2017. Jueves.

LA PESADILLA

Pesadilla, en el tren. Camino de Madrid. F: FotVi

-Un país en el que la mayoría dormía -pero sin soñar-, despierta bajo el pasmo de una pesadilla. Las pesadillas son las dagas del sueño, que hieren al que no sueña. Se suele decir: «He tenido una pesadilla»; y no: «He soñado una pesadilla». Los sueños son fantasía, evocación, presencia idealizada de algo hermoso; las pesadillas, por el contrario, son pavor, estremecimiento, una fatigosa persecución, con el único final feliz del despertar entre ahogos. Tras una pesadilla, me limpio el sudor de la frente y doy masajes a mi mente para que se desintoxique, para que vea un poco de luz. De pronto, en este país nuestro, todos hemos despertado con la pesadilla de que algo nuestro se rompe, se quiebra. Algo que amamos, pero sin decirlo: lo evidente no se dice. Amamos a Cataluña, y lo callamos. Amamos a España, y lo callamos. Esto es algo que se supone, decimos ahora. Y, de pronto, despertamos con una pesadilla que nos persigue, nos intenta devorar; la pesadilla del odio, que durante años, se ha ido alimentando de mentiras, hasta que la mentira nos quiere engullir. Cuando dormidos sin sueños, nos ataca la pesadilla, que supone correr delante de nuestros miedos, sin asidero posible. Con la esperanza, Diario, de despertar a tiempo, y librarnos así de las garras del miedo que nos hostiga, que nos persigue, como unas fauces terribles, demenciales, espumosas de rabia (19:21:08).

miércoles, 20 de septiembre de 2017

20 de septiembre de 2017. Miércoles.
¿ESPECIE MALDITA?

Bicicleta varada, en Murcia. F: FotVi

-Idos los calores, vuelvo a caminar por la ciudad como perdido, dando la sensación de no saber dónde estoy ni qué busco, cosa que me causa un placer inmenso. Me detengo y miro una flor caída de la jacaranda, humildemente azul, como una pequeña exclamación del mar en la acera, me digo. Nostalgia del mar y sus lamentos. Y sigo, con la mirada intensa, mirándolo todo: el río, con su agua plana, inmóvil. Su agua turbia, con una palidez de trigo seco. No me recuerda al mar, sino la abrupta sequedad del campo, su agrietado modo de anhelar la lluvia. Los cisnes y patos, en la sombra, bajo el puente; todavía el calor es notorio, aunque menos. Y llegado a casa, el golpe al espíritu de casi todos los días, o el caos de la tragedia insaciable: la dentellada del terremoto en México o la furia del viento en el Caribe. Todo es un amasijo de adversidades, como si fuésemos haciendo equilibrios en el alambre del peligro sobre el abismo, y en el que a veces caemos. A lo mejor tiene razón Ciarán, filósofo rumano, cuando dice que «el ser humano es una especie maldita». Y maldita, porque piensa, y así conoce lo que le espera al final, la muerte, o el ángel caído sin alas, sin vuelos. Pero, no. Precisamente porque piensa, porque razona, va más allá de la daga del dolor, de la cuchillada de cada día, y se pone en camino hacia otra dimensión liberadora, también humana, pero más sutil. Estoy con Karl Rahner, que destaca «la solidaridad de Dios con el mundo», su abrazo al que sufre, su sollozo por todo lo que es herida y angustia, cruz. Y aquí cerca, el otro seísmo: el que se está produciendo en Cataluña, que amenaza, entre escombros de democracia y pancartas como tiros, con sepultarlo todo. Pero, mientras se afianza la locura, yo, Diario, rezo y callo, otro modo de hacer la guerra a los que gritan mucho y lanzan palabras como venablos; palabras que, a veces, dan en el blanco y lastiman, aunque no maten, aún (18:25:22).

lunes, 18 de septiembre de 2017

18 de septiembre de 2017. Lunes.
LOS DEDOS DE LA FE

 Y la semilla brotó, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Vuelvo de San Pedro, cansado, jadeante, algo roto; aunque esto suele ser normal en un joven de ochenta y un años. Vas, vienes, andas sobre tus años, y, al final, te resientes, es lógico: los años pesan; aunque luego quede un sabor a ciruela en la boca, que alegra la garganta y pone a la mente a hacer puzles de esperanza, cada vez más luminosos, y también más complicados. Una boda -Silvia y David-, o la celebración -con Dios al fondo- del amor. Celebrar el amor es tocar a Dios con los dedos de la fe. O hallarlo ahí donde tú estás, latiendo: en el punto mismo -el Aleph (Borges)- donde tú amas. Dios es amor, dice San Juan, y san Pablo lo explica: porque el amor -dice- es paciente, servicial; no se jacta, no se engríe; es decoroso; no busca lo suyo; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Y, además, todo lo cree; todo lo excusa; todo lo espera; y soporta todo, porque el amor (pasión, ternura, amistad, galanteo, cortejo, ágape, seducción, arrullo…), porque el Amor -dice-, es Dios. Y este Amor, este, no acaba nunca, siempre permanece aunque parezca que sufre vacilaciones, como la chispa en el pedernal o el eco en la montaña. Eso les dije a los novios, y tenían los ojos muy abiertos, y es que las palabras primero las entiende la vista y luego pasan al corazón, donde germinan, o no, pero ahí están. O eso pienso yo, que, cuando algo me asombra, abro mucho los ojos y voy dándole vueltas en mi interior, hasta que llega al corazón, y ahí, Diario, queda sonando, dándome vida, o quedando como semilla, para, a las primeras lluvias, retoñar, y hacer así la primavera (19:45:46).

viernes, 15 de septiembre de 2017

15 de septiembre de 2017. Viernes.
ALEGRÍA

Navidad, alegría en Estambul. Turquía. F: FotVi

-«Tu alegría es mi alegría»: o el nuevo lema del colegio de la Salle en Las Palmas. (Que nadie se entere: me lo ha dicho Candela). Por demás, bello lema, y no solo para niños. Si le preguntas a un niño qué es la alegría, quizá te sonría, o balbucee, y simplemente se te quede mirando, asombrado de que una persona mayor no sepa de qué va la alegría. Aun en los momentos difíciles, el niño ríe, juega, le danzan, con los ojos, las manos y los pies, y el cuerpo todo, que es como una tiza en manos de un loco llevando el caos a la pizarra. Alegría -dice-, y el niño se ve jugando y riendo, o acelerando la mordida al bocadillo, o dándole una dedada al libro de matemáticas para hallar y aprender que la raíz cuadrada de seis -número multiplicado por sí mismo- es seis. El niño entiende que la alegría le hace moverse y reír. Lo mismo que sabe que estar triste, es llorar. O lamerse las lágrimas de la desgracia familiar y social en la calle. Cuando un niño está triste, fuma, o hace lo que ve en otros, vagabundear. Chulear. Y anda desarrapado -derramado- por las calles, pisando charcos y diciendo ¡qué hay, tío! En el colegio de la Salle, en Las Palmas, los niños se muestran alegres, porque su alegría -les dicen- es la alegría del otro; y así, Diario, ríen, y juegan, y estudian, y acaban por mirarse a sí mismos y verse felices en la felicidad del vecino, que también ríe, y estudia, y juega, y que, alguna vez, cuando se detenga a pensar -los niños piensan-, caerá en la cuenta de que la alegría es buena y saludable, y da felicidad, y contagia, como el amor o el silencio, o la ira (18:05:10).

jueves, 14 de septiembre de 2017

14 de septiembre de 2017. Jueves.
ADIVINAR LA LUZ

Escondida, pero bella. En Murcia, junto al río. F: FotVi

-Salgo y me enfrento al día, que es hermoso y tibio. Las jacarandas pobladas de hojas, todavía muestran alguna de sus flores azules, pero en segundo plano, sin la esbeltez y la abundancia de la primavera o del otoño. Veo a una chica ciega que, con su bastón, trata de adivinar la luz. Me emociona su insistencia en los golpecitos del cayado, hasta que toca la luz. Yo aguardo en un semáforo, y ella, con unos pequeños sacudidas ante sus pies, halla también el semáforo. Y espera, junto a mí. Me gustaría entrar en sus pensamientos, Diario, pero solo acierto a contemplar cómo se aleja de mí, tras las palabras sincopadas de su bastón. Se aleja con la mirada fija en el oído de su interior, que debe hablarle de un mundo sin colores, pero bellamente poblado de olores y sonidos, y de sensaciones inverosímiles, verbales, que solo un invidente puede silabear y gustar, y decir (20:24:58).

miércoles, 13 de septiembre de 2017

13 de septiembre de 2017. Miércoles.
SUPERSTICIÓN

Siempre hay un más allá, en Las Palmas. Gran Canaria. F: FotVi

-Se me enciende la alarma al leer que es 13 (13 y martes, me digo); pero, al poco, descubro que no es martes, y respiro, con una mariposa (de alegría) en los ojos. La superstición es un atajo de miedos, uno detrás de otro, como una fila de hormigas que intentara llegar y tocar lo inalcanzable. O lo que está más allá del alcance de una utopía. O lo divino. La superstición es un resbalón de la inteligencia hacia lo oscuro, hacia lo que parece estar ahí detrás y no surge, no brota. Es una búsqueda tenebrosa con el ansia de encontrar lo inaccesible. Es darle la espalda a la razón y ponerse detrás de una liturgia perversa, que -aun de buena fe-, en ocasiones te hace vivir en un mundo irreal. Ni el trece supone mal fario, ni coincidiendo con martes causa estrago alguno. El trece y martes, o el trece y miércoles, no son más que un número y un día; y que hoy -y aquí en nuestra tierra- hemos vivido con sol y palomas, y luz y sombras, y piedad y avaricia, y pobres con la mano alargada y ricos con prisa y pensando en cifras con ceros infinitos, y sin caer en la cuenta, que ha sido un día más -13 y miércoles-, un día que se les ha ido (se nos ha ido) y que no volverá. O sí, pero siendo 14 y jueves, y sin supersticiones; o con la bella ilusión, Diario, del trabajo bien hecho y el deseo del pobre de ver caer -por amor de Dios- unas monedas en su mano tendida, como un vuelo de aves migratorias (18:52:45).

martes, 12 de septiembre de 2017

12 de septiembre de 2017. Martes.
ALACRÁN

Llanto, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Saco la mano por el hueco de la ventana y compruebo que no llueve, aunque sí llueve. Es lluvia que no noto, pero está. Como las telarañas en el ángulo tenebroso entre dos paredes. Como las polillas que, en un silencio de sepulcro, mastican y agujerean los libros. Llueve barro, desidia, odio. Sobre la tierra. Sobre España. Como un alacrán que inyectara veneno sin descanso, Diario, como un alacrán delirantemente rabioso (19:14:37).

domingo, 10 de septiembre de 2017

10 de septiembre de 2017. Domingo.
ALFABETIZACIÓN

Enseñando a soñar, escribiendo. F: Googel

-Dibujar con letras lo que tenemos en la mente: o la alfabetización. Saber pintar letras, con sustancia de luz y ensueño dentro, como relámpagos en la mano. Es un milagro. Alfabetizar es llenar la mente y los dedos del potencial del dibujo como elemento visible del saber. El saber, que se hace oculta inquietud y potencial poder en la mente, salta al papel cuando se escribe, y así se transporta de un lado a otro en las palabras escritas, en los libros que solo miran y callan, y así hablan. Se instruye a los niños y a mayores en este arte de escribir y leer, para que, de este modo, puedan ser más libres y más humanos, y aun un poco más altos, en cultura. El escritor turco Orhan Pamuk, en su obra El libro negro, decía: «¿Qué es leer sino trazar en el silencioso cinematógrafo de nuestra mente una a una las cosas que el escritor nos describe con las letras?» Pero antes de leer, quedarse con el dibujo de las letras, como el pintor se queda con los rasgos más significados de aquello que se dispone a pintar. Una manzana, o un rostro de mujer, o los pasos de un mendigo. O la boca de un mendigo, mordiendo una manzana. O un rostro de mujer, no enrarecido con toda clase de pastiches. Dibujar cosas, en las palabras, como el pintor llena el lienzo de líneas y matices, y hermosos misterios. En el día mundial de la alfabetización, Diario, hago yo también mi dibujo de letras, pensadas y escritas, para que cualquiera que lo lea se anime: es un modo de liberar la mente y el brazo, sin complejos, y tratar así de seguir a Cervantes, que, como todo escritor, camina delante (19:42:10).

sábado, 9 de septiembre de 2017

8 de septiembre de 2017. Viernes.
TEMPLO ESTRELLADO

María y su Hijo, en Catedral de Liubliana, Eslovenia. F: FotVi

-En Jerusalén, la gracia de Dios se hizo Mujer y habitó entre nosotros. La gracia de Dios envuelta en un cuerpo de mujer, que lo embellecía, iluminando sus ojos y poniendo a tono divino los latidos de su corazón, o el templo estrellado de su vientre. Vientre en el que tenía que recostarse hecho embrión, durante nueve meses, el Hijo de Dios. Un vientre como el de cualquier madre, pero lleno de gracia. O de más gracia que ningún otro; pues cualquier vientre de mujer que es madre está lleno de gracia, por ser en él donde Dios teje la obra de orfebre de todo nuevo ser. Cincela y cincela, hasta que se forma el nuevo ser, y que, con un berrido de ser nuevo, se hace presente en el mundo, como un milagro que llora y da unas leves patadas al aire. Dios vive en el recién nacido que llora y patea, y que huele con asombro el aroma de su madre y el cantar de los ojos que le miran. Hoy, día de la Natividad de la Virgen María, Diario, celebro en este mundo de egoísmos pavorosos la heroicidad de ser madre, o de desearlo; celebro a la madre que presta su cuerpo para que la invada un ser al que llamará hijo y que, durante nueve meses, vivirá dentro de ella, recibiendo su alimento primordial y cuidadoso, asimilando el clamor de su ternura, riendo cuando ella ríe, y, llorando, si ella llora (19:00:53).

viernes, 8 de septiembre de 2017

7 de septiembre de 2017. Jueves.
PEQUEÑA ESQUIRLA

España partida, y tocando el arpa. Museo. Cartagena. F: FotVi

-Y yo que creía que una pequeña esquirla del templo de la Sagrada Familia, por lo menos, y que otro trocito de Las Ramblas o de las catedrales de Gerona y Lérida, y algo de los Pirineos catalanes, con el Valle de Arán incluido, me pertenecían, y ahora resulta que, sin contar conmigo y de tapadillo, me lo han quitado unos pocos que se llaman independistas y que son usurpadores, además, de los tesoros de Sijena, y del 3%, y de la mayoría del pueblo catalán, que creía que a él le correspondía también un poco de la Alhambra, y otro poco del Acueducto de Segovia, y algo de Sierra Nevada, con el Camino de Santiago y un largo etcétera, silabeando luz en la oscuridad, y resulta que estos sediciosos se lo han robado, sin más, como un trilero, que, con sus cubiletes y la bolita, roba en una feria, sin pudor, con mucha habilidad y poca decencia, al modo del que gana con un as que observa con regocijo desde la manga el momento de aparecer, y además, si hay alguien que lo afea, se pone flamenco y saca la pistola, con ojos de chulo de garito, y así creen atemorizar, y, a veces, lo logran, amedrentan al personal, respondiendo: este bajando la cabeza y yéndose del hemiciclo -la taberna-, con las orejas cachas y una gota de lágrima quemándole en los ojos, pero impotente ante tanta banalidad, ante tanto despotismo, y ¿qué hace la legalidad -autoridad-, o el sheriff del condado?, ponerse de perfil, o, a lo sumo, decir con cara de cabreo que «le han dado una patada a la democracia», y en las posaderas del mando, y, en el otro lado del trasero, al pueblo, que reacciona -el pueblo sencillo y verdadero, el sufrido, el que mira absorto y no acierta creer lo que sucede-, y se dice: ¡me abruma la vergüenza!, y luego calla, y, en la duda, espera, y, quizá, llore, o no, según le venga el vómito, o la desgana, o la risa por no llorar (18:43:13).

miércoles, 6 de septiembre de 2017

6 de septiembre de 2017. Miércoles.
PUNTADAS SIN HILO

La Palabra, el hilo de mi puntada. F; FotVi

-No se pueden dar puntadas sin hilo, me dicen, y, de pronto, hago un elogio al hilo de mi puntada, la palabra. La palabra, que surge cargada de rumores, de metáforas, de abstracciones. La palabra que enhebra frases, dice cosas, pone y quita altares, y, si la dejas, hasta te hace libre. ¡Qué libertad poder ser libre, con libertad de vuelo de látigo o de estrella, en las palabras! ¡Librarte de todo -incluso de ti mismo, Diario- en el látigo -estrella- de las palabras! (18:24:47).

martes, 5 de septiembre de 2017

5 de septiembre de 2017. Martes.
ALEGRÍA Y PESAR

Rastreando la alegría, en Salinas de San Pedro del Pinatar. F: FotVi

-Vuelvo al mar -ayer- y me absorbe su modo de mirar, de mirarme, me reconoce y me da su mano de agua. En las Salinas de San Pedro, el flamenco, la avoceta, el cormorán, la cigüeñuela, los ánades, las gaviotas, que se agrupan para verme. Les pido que posen, y posan. Los fotografío. Y alguno, luego de la foto, se echa a volar, para celebrarlo. Las aves son muy celebrativas; después de comer, pespuntean unos cantos y luego se marcan un vuelo. Alegre, voluptuoso, y, sin embargo, respetuoso con el medio ambiente; y es que como diría Chesterton: «Hay que tener coraje para perseverar en la alegría». Coraje, y alegría, diría yo, porque si tienes coraje y te falta la alegría, se oscurece el júbilo. Por algo clamaba el poeta romántico Jhon Keats: «Bienvenida alegría, bienvenido pesar», porque, ambos, la alegría y el pesar, suelen ir frecuentemente juntos, tan cerca la una del otro, que hay veces que se confunden, y ríen juntos la misma gracia, o la misma insensatez. «Todas las naciones son España», ha dicho un líder ligeramente carismático, o modestamente eficaz. Las naciones.  Así. ¿Pero qué naciones: todas las de Europa, las otras del mundo, o solo Cataluña y quizás también el cantón de Cartagena? Es decir, la alegría y el pesar juntos, y, de vez en vez, Diario, volando, como en una celebración mágica: la de las aves que comen, cantan y luego, como en una liturgia de la felicidad, conquistan el cielo de la tarde, aleteando sueños, bellas cabriolas de vals, y viendo el mundo a vista de pájaro, que es como mejor se ve y más deleita (12:12:46)

domingo, 3 de septiembre de 2017

3 de septiembre de 2017. Domingo.
EL AMOR NIÑO

Belleza de la viejo, en el jardín. F: FotVi

-Abro los ojos y caigo en que es domingo, y me congratulo con el día luminoso que me cerca. Cercado de esplendor, de luz, y de deseos de vivir. Aun en la vejez. Y es que esta vejez nuestra es una vejez juvenil, animada, celebrativa. Con nuestros achaques, los cinco curas jubilados -por las goteras de la vida: Mario, Antonio, Juan, Ricardo y un servidor- celebramos a Dios; o el otro Joven (viejo) lleno de eternidad, que vive y concita a todos y a todo en el Amor; el amor, que siempre es joven: «la caridad nunca se acaba». (Dice San Pablo). Vivir en el amor (la caridad) es vivir en la mocedad, aunque en el cuerpo aflore lo marchito -otro tipo de belleza-, lo aparentemente prescindible, lo inevitablemente deteriorado. Agrietados, pero aún, tímidamente, servibles. Y un secreto: hoy he pido por el niño Aylan, aquel que hace dos años apareció roto en la arena de una playa, como dormido, o dormitando en la muerte. Esparcido en la arena. Lo que haría decir a Francisco Umbral: “la vida es sacrílega cuando profana al niño». La vida, no; sino los que trafican con ella, los que la manipulan, los impuros que dejan su impureza en aquello que tocan, como el que hace la guerra por hacerla, por egoísmo, el que empuña el odio para detonarlo en el otro, el que dice y hace maldades, el obsceno de mirada y corazón, el bárbaro de barbarie irracional. El niño Aylan ya es un ángel ante el rostro de Dios, que, como dice Chesterton, también es niño: «un niño rebosante de alegría y felicidad». O el Amor niño, Diario, siempre incendiado, siempre luciendo y dando calor al que ama; amor iniciándose siempre, y sin consumirse (19:01:18)

sábado, 2 de septiembre de 2017

2 de septiembre de 2017. Sábado.
LUZ DE VELA

Apenas luz, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Cuando digo hoy, ya es ayer. Y mañana todavía no ha llegado. Y entonces me pregunto ¿qué puedo hacer para detener el tiempo, para anclarlo aquí y ahora, pues se me escapa de las manos como una pastilla de jabón resbaladiza y terca, como una luz de vela que apago con los dedos? El tiempo, o esa falacia que corre, mientras tú, Diario, crees estar dentro de ella, que vas con ella, siendo así que estás al otro lado del muro, donde los muertos, donde tiembla el misterio, donde te habla la soledad más terrible y callada (19:48:26).

viernes, 1 de septiembre de 2017

1 de septiembre de 2017. Viernes.
SÓLO EL VIENTO

Nostalgia, en la playa. Mar Menor, Lopagán. F: FotVi

-Cojo un poco de tierra, abro la mano y soplo, y salta la tierra y se confunde con el viento. Luego me sacudo, miro y no queda nada. Sólo el viento. La tierra ha vuelto al lugar de donde la cogí: la tierra llama a la tierra. Como julio, como agosto: como la vida. La vida, pues, polvo, tierra, arcilla, con un poco de imaginación, de utopía, de ensoñación, que, al fin, se lleva el viento. ¿Recuerdan el primer día de julio? «¡Vacación!», gritamos. ¿Y qué decimos el treinta y uno de agosto? «¡Ufff!»: el coche, la carretera, el volver a la rutina, un sudor frío, una desgana, que apesadumbra como una almendra amarga, o como si, de improviso,  te tragaras un tenedor. (Yo, con el tenedor no lo he intentado, con la almendra, sí, y abruma su aspereza). «¡Ufff!», digo, y me dispongo a vivir septiembre con todas sus letras, de la s a la e, porque me viene un amigo, Juan, y me dice que escriba una frase que ha leído en no sé dónde y que dice así: «No se es lo que se logra, se es lo que se supera», y entonces, pensativo, me pongo y hago lo que escribo: intentar superar las nostalgias, los sorbos de frío -la cerveza- en la playa, la lectura bonancible y despreocupada, el pequeño parpadeo de soñar que uno es feliz y que esta ficción no tiene fin. «Se es lo que se supera», y en esas estoy, tratando de escapar de este espejo en el que me he mirado -la vacación- y que me tiene atrapado en su turbador azogue, y del que, Diario, intento salir, como si me llegara el agua al cuello, braceando, tratando de escapar de mí mismo (20:11:41).