domingo, 2 de agosto de 2026

2 de agosto de 2026. Domingo.
ABRAZOS EN LAS MANOS  
 
Pan, que será eucaristía. San Blas. La Ribera. Murcia.

-Digo domingo y en mi boca nace una alabanza. Al decir domingo se transforma todo en resurrección, en esperanza, en libertad. El domingo es Jesucristo abierto al mundo, para darse gratis. El domingo celebramos el pan de la fraternidad y de la esperanza; el pan que recibimos en la eucaristía se hace oración y nos une para pedir que desaparezca en nosotros todo aquello que causa sufrimiento y pena, como las guerras, el hambre, la injusticias, la soledad. Es pan que se multiplica para que llegue a cualquier boca y que con él se logre el amor, la comprensión, la hermosa y fecunda hazaña de vivir en paz, como hermanos, sin ira en los ojos y abrazos en las manos. Digo domingo y la boca se me llena de himnos que cantan a Dios, que es Padre, comunión en Jesucristo, y aliento en el Espíritu Santo. El cielo, Diario, baja y se hace amor en ti y en mí. 

sábado, 1 de agosto de 2026

1 de agosto de 2026. Sábado.
EL AROMA Y EL SILENCIO DE DIOS

Como la palabra, vilanos volando. F: Prensa.
 
-Se abre el libro de agosto, y hoy, día primero, empiezo a leer. La primera página habla de amistad, de luz, de alabanza, página que suscribo. Porque en cada cosa, surge el aroma y el silencio de Dios, que, sin hablar, dicen, inspiran, responden a mi alabanza. Alabanza es decir con aliento musical aquello que se alaba. La alabanza forma parte de la inmensa y cada día más extensa sinfonía de la creación, y con aroma del Creador al fondo.Todo lo que vemos, celebramos, amamos, nace de la Palabra de Dios, que se hizo hombre y habitó entre nosotros, y cargando con nuestros deslices y yerros, los subió con él a la cruz y allí los dejó clavados. Él, la Palabra de Dios, resucitó, pero los errores quedaron allí ensartados y lavados, para siempre. Agosto, Diario, nueva página escrita para Dios y echada a volar con alas de misericordia: en algún lugar caerá y -quizá- dé fruto. 

viernes, 31 de julio de 2026

31 de julio de 2026. Viernes.
ABRACÉ EL TRONCO DE UN OLIVO

Abrazo al olivo en el jardín. Casa Sacerdotal. Murcia
-Ayer, al llegar a Casa, todo fueron saludos y algún abrazo, yo, por mi parte, abracé el tronco de un olivo del jardín. Dar abrazos es síntoma de salud espiritual, aunque flaqueen y duden las piernas, que no saben abrazar. Las piernas andan, los brazos abrazan, como la lengua habla y el oído escucha: con pinganillo, o audífono, pero escucha. En la vejez, todo se va averiando, como la comida en el frigorífico, si está apagado. Entre tanto, España arde, ¿también envejecida? No, por algo peor que la vejez: el abandono, la desidia, la indolencia de las administraciones. Culparse unos a otros no es hacer, es deshacer, es descoser lo cosido. Yo pido a Dios, Diario, que arregle el corazón de los que gobiernan y se den abrazos y dejen las coces para las bestias. 

jueves, 30 de julio de 2026

30 de julio de 2026. Jueves.
EL LIBRO DE LAS VACACIONES

Cigüeñela, en las Salinas. San Pedro del Pinatar.

-Finalizada la lectura del libro de las vacaciones, lo devuelvo a la estantería, y sigo con la lectura de la historia de cada día en la Casa Sacerdotal. Hermoso y relajante el libro del mar y sus notas a pie de página, donde vuelan gaviotas y dicen su belleza flamencos, avocetas, cigüeñuelas…, dunas, pinares. Es un bañarse en la belleza, y además, lo más entrañable y bello de todo, con la familia. Pero en la vida no hay nada que nazca sin un final, no necesariamente trágico, pero final, con alguna lágrima, envuelta en una amplia sonrisa. Ayer acabaron mis vacaciones (corporales, no espirituales), y ya estoy en casa, con mis compañeros de viaje, mis otros ancianos y amigos. Las palabras me esperan en el ordenador, para sacarlas de él y ponerlas en circulación; ellas son mi alegría y la de los que me leen, tan pocos, que me invitan a seguir escribiendo, indomable. Sé que Dios me lee, y le gusta –creo–  mi alabanza que llega hasta él, y le hace sonreír. Y yo, Diario, sonrío con él. 

miércoles, 29 de julio de 2026

29 de julio de 2026. Miércoles.
REÍR POR NO LLORAR

La tierra sonríe en Bolnuevo, junto al mar. Murcia.

-Hay quien ríe por no llorar; pero también quien llora por no reír. Llorar por no reír es vivir en la tristeza sin salida, en la desesperanza más amarga y huraña. Reír por no llorar es vivir en las alas de la fe y la esperanza, no dejarse vencer por el pesimismo ni el abatimiento. La risa destemplada, salida de madre, ofende a los oídos sensibles; la sonrisa que no cesa, aun en los momentos difíciles, atrae y consuela, pone una nota de alegría en el concierto de la vida. Un almendro en invierno me dice: «Sonrío porque en primavera daré el adorno de mis flores». Y, como se recoge un libro, tras haber sido leído y dado su fruto, se recoge el almendro en su humildad invernal. «Si no puedes cambiarlo, ríete». He oído esta frase alguna vez, Diario, y a ella me subo y en ella vuelo, sonriendo con Dios. 

martes, 28 de julio de 2026

28 de julio de 2026. Martes.
COMO CUALQUIER RELOJ

Marca las horas, pero también los segundos. F: Prensa.

-Como cualquier reloj, por excelente que sea, hay que llevarlo a reparar, mis oídos necesitan ir al otorrino –médico de la audición– para que les dé un repaso. Mis oídos están como mis piernas, los unos torpes para oír y los otros tardos para andar. Cuando camino, parece que fuera a pisar tachuelas o interrogantes, tan precavidos son. Piso casi sin pisar: lo que antes adelantaba con un paso, ahora necesito tres o cuatro pasitos distendidos, graciosos, tambaleantes. Ayer por la mañana, Paqui, mi sobrina, me llevó a San Pedro para que me ajustaran los audífonos. Deseo seguir andando y oyendo, Diario, para no perderme ningún detalle de la belleza y esplendor de lo creado, y luego hacerlo alabanza, reverencia, oración en ascensión. 

lunes, 27 de julio de 2026

27 de julio de 2026. Lunes.
ARPAS DE DIEZ CUERDAS

Amanecer en Los Alcázares. Murcia

-La luz del amanecer me da en los ojos y me dice: «Despierta»; me lo dice suavemente, como pasándome una pluma de ave por los párpados cerrados, sin herir mi tranquilidad, como un toque cariñoso del dedo de Dios en mi frente. Dios nunca es brusco, es delicadeza que habla, sobre todo al corazón. Tengo en mi mano la luz de mi despertar y con ella me santiguo, y mi mente y mi corazón se llenan de palabras de alabanza y de acción de gracias, que voy diciendo, envueltas en amor de Dios. Con salmos inspirados y «arpas de diez cuerdas», voy deletreando mi oración de Laudes, Diario, que, como incienso, va subiendo a los cielos, donde da con la bondad y la ternura de Dios, haciéndose al tiempo bendición que desciende e ilumina el mundo, tan necesitado –guerras, incendios, desastres naturales– de su protección.