lunes, 23 de febrero de 2026

23 de febrero de 2026. Lunes                                 
SE MUEVE EL PAISAJE

Luz y sombras: invierno. Murcia.

-Como amo la sombra igual que la luz, me pongo bajo un árbol para tomar el sol a la sombra. Sus rayos cabrillean por entre las ramas: se mueve el paisaje. Una paloma, bajo un cielo azul intenso, coge con el pico un filamento –acícula– de pino: está componiendo su nido, filamento a filamento, verso a verso, como un poema: prepara el bello poema de la maternidad. El invierno –belleza íntima, recóndita, nevada– con sus días de lluvia, borrascas y frío, nos recuerda que aún no ha pasado su ciclo. Como las palomas engendran pichones, el invierno engendra a la primavera; las dos estaciones se dan la mano y embellecen lo bello. El invierno es flor; la primavera, hoja, que viste el paisaje de verdor. Cambian los pinceles, pero no la belleza. Dios, Diario, hace las cosas bien. 

domingo, 22 de febrero de 2026

22 de febrero de 2026. Domingo.
ADMITIDOS A SU AMISTAD

Jesús azotado por nuestro amor. Cracovia. Polonia.

-Primer domingo de cuaresma en el que Dios nos dice: «Me invocará y lo escucharé». (Sal 90:15) Dios nos invita a hablar en libertad, como un padre que te echa el brazo por el hombro, y te dice: «Hijo, dime, ¿qué te sucede?» Dios, que nos ve cabizbajos, tristes, agobiados por nuestros pecados, nos invita a hablar: «Dime, te escucho». Y le contamos nuestras miserias, nuestras infidelidades, nuestro mal, y Él nos responde con el perdón y la misericordia. Y con su piedad, su benevolencia, nos devuelve «la alegría de su salvación». El hombre es, como dice la Escritura,  un poco de arcilla y un soplo de Dios; soplo que dio vida a esa arcilla. Y Dios no quiere que se pierda aquello que hizo con tanto amor. «Ven, hablemos», y Él en la cruz, y nosotros mirándole, hablamos, y Él con dolor y nosotros con lágrimas en los ojos, Diario, somos perdonados, admitidos a su amistad, reconciliados. 

sábado, 21 de febrero de 2026

21 de febrero de 2026. Viernes.
Y TE LLEVAN AL HOSPITAL

Que pase de mí este cáliz. Gesemanit. F- Internet

-A veces, el dolor te puede y tienes que pedir auxilio. Le sucedió a Jesús la noche del huerto de los olivos: «Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz». Y a un servidor en la noche del miércoles. Duermes bien, con sueños apacibles y tranquilos, y, de pronto, surge la espada de la dolencia. Te levantas, intentas poner remedio, tomas esto, lo otro, y nada. Hasta que llega el miedo. «¿Y si fuera la apéndice?», te preguntas. Y decides darle al botón rojo. Y viene la ambulancia, y, con la ambulancia, la amabilidad y la sonrisa. Y te llevan al hospital, donde se hallan la sabiduría y el trato cariñoso que curan. Desde las 3 a las 7 estuvieron haciéndome pruebas y exploraciones, hasta que llegó el diagnóstico: «Gases», te dicen, y ríes y ríen, y te imaginas al mismo Dios riendo. Todo ha sido nada. Y, agradecido, te despides de médicos y enfermeras, y vuelves a casa, donde te esperan la recuperación del sueño perdido y los parabienes de los amigos. Ah, Diario, y Dios, que sigue –imaginas– riendo. 

viernes, 20 de febrero de 2026

20 de febrero de 2026. Viernes.
LA SOBRIEDAD DEL INVIERNO

La primavera es flor, polen, abeja, belleza, nacida del invierno.
Casa Sacerdotal. Murcia.

-Si fuera flor de un árbol frutal, estaría preparándome para florecer y embellecer la belleza de la primavera. La primavera, rama de la oscura belleza invernal, florece y le da color al invierno. Los colores de la primavera nacen del interior del invierno, que, desde su intimidad de abadía, presta a la primavera su hermosura modesta y recóndita. Si me preguntaran qué me gustaría ser, invierno o primavera, diría que ambos: sin el modesto esplendor del invierno, la primavera sería imposible. Todo se forja en la sobriedad humilde del invierno, en la que dormita la vida. Las leyes de Dios, Diario, andan tras este flujo continuo que son las estaciones del año, tan vaiadas y atractivas.  

jueves, 19 de febrero de 2026

19 de febrero de 2026. Jueves.
EN EL SILENCIO DE LA BOCA

Aves migratorias, cruzando el cielo. Casa Sacerdotal. Murcia

-Contemplar la belleza de la naturaleza puede ser un modo vivo y sentido de oración. Del mismo modo que se ora con las palabras, se puede orar con la mirada y con las manos, y con las rodillas, postrándose ante el Creador. La oración contemplativa es un momento de silencio, en ella se escucha y se ama sin palabras a Dios: hay una conexión profunda con la divinidad. La belleza hay que saludarla y recrearse en ella en el momento que sucede: la rosa, el árbol en flor, un día de sol y azul, la hormiga laboriosa… Ayer, contemplando las aves migratorias que, a cientos, cruzaban los cielos, me detuve y alabé a Dios, en silencio, sin palabras, pero con todos los latidos de mi amor en el mutismo de la boca, que, absorta, celebraba, en las aves, la admirable y sorprendente obra del Creador. Contemplándolas, Diario, el silencio oraba en mí. 

miércoles, 18 de febrero de 2026

18 de febrero de 2026. Miércoles.
CENIZA Y PERDÓN

Cristo muere en la cruz. Catedral, Murcia

-Miércoles de ceniza. En el comienzo de la Cuaresma, la ceniza nos recuerda de dónde venimos y adónde vamos. Venimos del polvo, que, en la cuaresma, se convertirá en polvo enamorado, por el que Cristo muere en la cruz. La cuaresma pide nuestra conversión, creyendo en el evangelio. Dios es compasivo y misericordioso, dejémonos reconciliar con Él. Hagamos obras de conversión: oración, ayuno, limosna. La oración es apertura a Dios; el ayuno, renuncia a cosas superfluas; la limosna, la apertura generosa a los demás, dándose. Al final de estas acciones, aparece Cristo esperándonos para darnos su abrazo de perdón. La epifanía del perdón, su momento culminante, Diario, será en el aleluya de la resurrección. 

martes, 17 de febrero de 2026

17 de febrero de 2026. Martes.
EL POBRE DE ESPÍRITU

El Cristo de la Eucaristia, cruficado por amor.
Santuario de Jasna Góra. Varsovia,.Polonia

-A pesar de mis achaques –la vejez–, canto y alabo: estoy agradecido. Jesucristo también daba gracias: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado». (Jn 11:41) Y sobre todo en el momento de instituir el sacramento de los sacramentos: la Eucaristía. Jesús toma el pan y el vino y da gracias al padre antes de entregarlos como símbolo de la nueva alianza. «Habiendo tomado el pan y el vino, dio gracias». (Lc 22: 17 y 19). Dar gracias es un signo que dignifica a la persona que las da y a quien las recibe. El pobre de espíritu se come la palabra gracias, nunca la dice, la hace saliva entre los dientes, y la traga; el de ánimo generoso, por el contrario, siempre la tiene en la boca, y la va diciendo, como si regalara sonrisas, gozosamente.