21 de febrero de 2026. Viernes.
Y
TE LLEVAN AL HOSPITAL
-A veces, el dolor te
puede y tienes que pedir auxilio. Le sucedió a Jesús la noche del huerto de los
olivos: «Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz». Y a un servidor en la
noche del miércoles. Duermes bien, con sueños apacibles y tranquilos, y, de
pronto, surge la espada de la dolencia. Te levantas, intentas poner remedio,
tomas esto, lo otro, y nada. Hasta que llega el miedo. «¿Y si fuera la
apéndice?», te preguntas. Y decides darle al botón rojo. Y viene la ambulancia,
y, con la ambulancia, la amabilidad y la sonrisa. Y te llevan al hospital,
donde se hallan la sabiduría y el trato cariñoso que curan. Desde las 3 a las 7
estuvieron haciéndome pruebas y exploraciones, hasta que llegó el diagnóstico:
«Gases», te dicen, y ríes y ríen, y te imaginas al mismo Dios riendo. Todo ha
sido nada. Y, agradecido, te despides de médicos y enfermeras, y vuelves a
casa, donde te esperan la recuperación del sueño perdido y los parabienes de
los amigos. Ah, Diario, y Dios, que sigue –imaginas– riendo.