8 de marzo de 2026. Domingo.
A CADA INSTANTE
A CADA INSTANTE
-Milagro, el domingo;
milagro, el lunes; milagro, mi vida; milagro, tu vida. Vivimos tocando el
milagro a cada instante. Milagro, el instante en que escribo «Todo milagro».
También el abrazo que da el padre al hijo pródigo, vuelto con humildad a la casa
paterna. Milagro el agua que pide Jesús a la samaritana, y milagro la reacción
de esta: nace la fe en su corazón, como una llamarada de amor. Jesus, cansado,
pide agua y de una sed material se pasa a una sed mesiánica: «El que beba del
agua que yo le daré –dice Jesús–, se convertirá dentro de él en un surtidor de
agua que salta hasta la vida eterna». Y, enseguida, el milagro de la
samaritana: «Señor, dame de esa agua: así no tendré más sed». La gracia del
Espíritu Santo ha transformado el corazón
de la mujer. Su conversación con Jesús la ha llevado, Diario, a sentir sed de
Dios: un milagro mesiánico.
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