16 de julio de 2026.
Jueves.
EN CONTEMPLACIÓN
EN CONTEMPLACIÓN
-Ayer llegué a luz
del mar, la que no ciega, la que enriquece, la que alivia calores. Me echaré el
agua del mar con su luz al hombro y caminaré metido baja su sombra: la sombra
del mar es extensa, alargada: el infinito se abre en ella. A hombros de la
esperanza, hoy he llegado a la Torre, y en mi familia, he abrazado al mundo, al
cielo, a la gente toda. Dios estaba al otro lado del abrazo, le acompañaban las
grandes y pequeñas cosas que me hacen feliz, como el silencio con que habla la gran
sinfonía del universo, el poder rezar junto a la corteza del árbol, escuchando el
rumor de la savia que lo mantiene vivo. Es un rumor de oración, de acción de
gracias, de adoración. Decía Pablo Neruda: «Necesito el mar porque me enseña». El
mar me enseña a mirar la grandeza con la misma humildad con que se me da, sin
aspavientos, sin ruidos, solo, Diario, en hermosa contemplación.
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