27 de febrero de 2026. Viernes.
BENDECIR, ALEGRA LA BOCA
BENDECIR, ALEGRA LA BOCA
-Si bendigo, tras dar en
aquel a quien va dirigida la bendición, vuelve a mí, como un celestial bumerán.
El cristiano debiera bendecir siempre, no tiene razones para maldecir. En el
camino de Dios, las maldiciones se orillan, quedan relegadas en el vocabulario
cotidiano. Bendecir, alegra la boca; maldecir, la entristece. La bendición que
se da, acerca a Dios. Bendecir es tener a Dios en la boca y darlo, iluminando. La
bendición descubre lo bello que hay en uno y lo trasmite al ser que es
bendecido. La bendición llena la boca de Dios, que, como una oración, se da a
quien es bendecido. Dice san Agustín que en la bendición –en la caridad– se halla la holgura y en la
maldición –en el odio– la estrechez, la escasez, la miseria. Bendice, Diario, y
en la bendición que das, serás consagrado: sabrás que Dios está en ti.
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