sábado, 1 de julio de 2017

1 de julio de 2017. Sábado.
TIEMPO DE DESGANAS Y BOSTEZOS

El ojo del verano, en Salinas de San Pedro del Pinatar. F: FotVi

-Me despierta un fresquito meloso y acariciador. Salgo al patio y respiro hondo, tan hondo que me parece inhalar tierra mojada. Son las seis de la mañana y me dispongo a andar. Me protege la carpa azul del cielo y sus pájaros cantores: el mirlo, el gorrión, el ruiseñor. Un hermoso concierto que parte de los árboles del parque. Mientras camino, pienso en aquellos que tienen recetas para todo: desde cómo conciliar el sueño cuando te desvelas o qué libros debes leer en los días larguísimos de verano. Porque veranear, salvo el tiempo de las copas, es tiempo de desganas y bostezos. Y de grandes e imaginarias lecturas. Yo no consiento que nadie me diga qué tengo que leer; suelo leer lo que me apetece, casi siempre clásicos, y alguna vez un best seller (o superventas), para liberarme a mí mismo de creer que el que no lee lo que yo es un menguado lector. Yo empecé a leer con el Capitán Trueno, y aquí estoy ahora leyendo todavía, dificultosamente, a Quevedo, a San Juan de la Cruz, a Borges, a García Márquez, a Octavio Paz, a Paco Umbral, a Italo Calvino, y volviendo alguna vez, con contento, de nuevo, al Capitán Trueno, donde vi por vez primera la luz de las letras. Goliat era un gordo fanfarrón que me entusiasmaba. El día, de pronto, se ha ennegrecido, entre truenos se abre el grifo de la lluvia, que, al poco, ha terminado. Unas gotas, y el sol reinando de nuevo en el verano. Como un coloso. El día, sin embargo, se ha refrescado. Yo, Diario, voy a releer La memoria de Shakespeare, de Borges, que consta de cuatros relatos y, con el Índice, forman un libro de 83 páginas en formato pequeño: una maravilla con Tigres azules. El tigre, un fuego que resplandece, según Blake (20:24:59.

viernes, 30 de junio de 2017

30 de junio de 2017. Viernes.
ESLABONES PERDIDOS

Recio tronco caído, en el agua. Montes Tatras. Cárpatos. Cracovia. F: FotVi

-Perdido en el ordenador, por fin me hallo. Buscando entrar en internet, seguramente le he podido dar a una tecla que no debía y se me han  borrado todos los programas que había en la pantalla. Hasta que, con la ayuda de Javi, mi sobrino, logro que todo vuelva a su forma original. Se me cae una gota de sudor, de tanto cavilar. En San Pedro, misa y comida. Secreto: ya me cuesta subir los escalones del altar. Disimulo. Muchos besos, flácidos, pero hermosos. Abunda la vejez. Los besos son de una gelidez pavorosa: como si te besara un vaso vacío, y además goteando frío. Pero son besos que dan cariño, se les nota al ir a besar: con qué unción lo hacen. Son viejecitas que han dejado su juventud en el camino, año tras año, pequeña muerte tras pequeña muerte; con cada sueño perdido, una muerte. La vida está colmada de pequeñas muertes diarias. Tras un acontecimiento feliz, una pequeña muerte a continuación. Eslabones perdidos. La vida está hecha, Diario, de sublimes eslabones perdidos. Hasta que se acaba la cadena y nos da su bienvenida el silencio (o el pasmo) de la eternidad (19:36:20).

lunes, 26 de junio de 2017

26 de junio de 2017. Lunes.
EN EL DESIERTO

Se arrastra el desierto, en Arenales de San Pedro del Pinatar. F: FotVi

-Menos mal que toda luz produce sombra; hasta la del sol en un desierto. En un desierto pedregoso y liso, la sombra se cobija o bajo una piedra o al otro lado de una duna con sus hermosas líneas de fragilidad. Bajo una piedra están: el lagarto, el alacrán, y aun la culebra que acecha. En el desierto, todo se desliza, también el viento, y todo aquello que se arrastre por la arena con sed. En el desierto, el sol se hace terrible mirada que arde, y, como lumbre, se precipita sobre todo el que lo habita. El desierto: o ese lugar inhóspito, donde solo sobreviven aquellos preciosos seres que saben reptar y cobijarse bajo lo mínimo: bajo una piedra, bajo un pequeño matojo, al resguardo de la sombra que los protege. Pero hay otro desierto: el que sigue a un incendio. Ahí, hasta las sombras se queman. En estos días, aquí cerca, arden bosques: en Portugal; al otro lado de Doñana, en Moguer; y así sucede que apenas quedan sombras para que se proteja la vida. El papa Francisco, en su Laudato si (Alabado seas), al hablar de la tierra, la llama la «casa común». A la que no respetamos, dice. Y me estremezco, y me quedo sin palabras. O con la única palabra que se me ocurre, Diario, tras un incendio: muerte (19:09:12).

sábado, 24 de junio de 2017

24 de junio de 2017. Sábado.
¿ODIO?

Cielo ardiente, en Torre de la Horadada. F: FotVi

-¿Qué es el odio? ¿Ilumina, oscurece, destruye? El odio, decía Empédocles, mueve el mundo. Pero también el amor. El odio y el amor son esos hilos invisibles que guían y actúan en el quehacer del ser humano. Quizá tenga razón Freud cuando define el odio como el deseo de destruir aquello que te hace infeliz, sea persona o cosa. La infelicidad anida en el corazón y se desangra a través del acto vandálico, atroz, grosero, del odio. Decía Aristóteles que el odio no tiene cura ni fin, y solo le interesa que la otra persona, a la que detesta, no exista. Persona o colectivo. Ahora, para algunos sujetos jóvenes, universitarios, se supone que formados e informados, demócratas -dicen-, liberales por tanto, andan por ahí quemando capillas y escribiendo cosas tan poéticas (y luminosas) como ésta: «La Iglesia que ilumina es la que arde». ¿De dónde les ha venido tanto odio a estos chicos? (Chicos, en todo). Si a estos lunares (jóvenes) de nuestra sociedad les tocaras el lado del corazón, donde debieran latir bellas ideas, encontrarías que no hay más que ceniza y turbiedad, o la desolación del odio. Ayer se produjo un ataque a la capilla de la Universidad Autónoma de Madrid. Intentaron hacer que ardiera: unos lo crucificaron, otros desean que arda otra vez el crucificado. Desean quemar el lugar donde se pueden dar cita la fe y la razón. «Él venía de no estar / y en aquella estancia estaba», dice el poeta. Para los sentidos parece no estar, pero para lo más bello y trascendente del ser humano, el espíritu, sí está. Y entretanto, yo me pregunto ¿qué les habremos hecho los católicos a estos jóvenes (¿pirómanos?) para que nos tengan tal ojeriza (¿o es amor, Diario?) y nos quieran hacer arder, sin compasión, en su hoguera purificadora, y purgante, del odio? (20:21:29).

martes, 20 de junio de 2017

20 de junio de 2017. Martes.
PALABRAS ASUSTADAS

El bosque atormentado, en Salinas de San Pedro del Pinatar. F: FotVi

-De pronto, la noticia de un fuego devastador, irracional, nos hiela el corazón. El fuego en el hogar, nos alivia; pero el fuego en el bosque, nos aterra. Ha sucedido en Portugal. En Pedrógão Grande. Cae una chispa, un rayo, y el bosque se hace hoguera destructiva, alarido en llamas. Lo mismo que en Londres la Torre Grenfell: una mala restauración y el caos, o la muerte. Yo pienso, con pavor, en las personas que son atrapadas en tal lío de llamas y ahogo, en tal zarpazo. Imaginémoslo: bracean, corren, gritan, hasta que arden. Así de crudo: así de real. Y, entonces, yo, estremecido, me santiguo y rezo. Rezar, o decir palabras asustadas, casi mordidas, que parecen ni subir ni bajar, que se quedan heladas en tu boca, esperando que alguien las oiga; ¿hay quien oye nuestras oraciones? Yo creo que sí, ¿pero y el que muere sin compasión, sin otro horizonte que las llamas feroces, con el grito y el interrogante en la boca? ¡Dios!, dice, mientras se percata de que la muerte le llega en forma de clamor candente. Quizá el decir Dios le alivie en el momento de la expiración, en el momento del último aliento, cuando se despide de la vida y se encuentra de frente con la luz de la Trascendencia. Pero yo me pregunto: ¿dónde está la conciencia y la responsabilidad de las personas? ¿Esas que echan mítines y propician que el fuego se propague a causa de su dejadez y los tantos por ciento que se llevan, a veces? Decía Emilio Prados (cuando los poetas hablan que se calle el silencio), decía: «No es lo que está roto Dios / ni el campo que él ha creado; / lo que está roto es el hombre / que no ve a Dios en su campo». A veces la tragedia, Diario, está más en la dejadez humana, que en aquello que la provoca: el rayo o le cerilla negligente (18:56:32).

domingo, 18 de junio de 2017

18 de junio de 2017. Domingo.
MESA EXTRAÑA

Adorno de mesa, en el jardín. Murcia. F: FotVi

-Me siento a la mesa y parto, y reparto, un poco de pan y doy a beber un sorbo de vino, a los invitados. Tú estás invitado. Pan que es cuerpo, y vino, que es sangre, según las escrituras. Cuerpo y sangre de Cristo, místicos, espirituales, pero que pueden ser comidos y bebidos. Y tras ese comer el pan y beber el vino, consagrados, toda una historia terrible de pasión, de muerte y triunfo, de resurrección, en la que reflexionar. Comemos y bebemos, pues, el cuerpo martirizado y la sangre derramada en la pasión y muerte de Cristo, que se repiten cada vez en el pobre y en el perseguido, en el despojado de dignidad y en el descartado (ancianos, enfermos, seres no lucrativos, o pobreza) que no originan riqueza, y que parecen desentonar en una sociedad limitada de sentimientos y pródiga en humillar. Una mesa extraña y evocadora esta: la de un trozo de pan y un poco de vino, que anima a la comunión, y a la vez , al amor. O comer mirándose a los ojos, donde se ven el latir del corazón y la alegría o tristeza del alma. Encontrándose en los ojos y tocándose las manos, donde actúan la caridad y la piedad, y se manifiestan creativos, Diario, los dones del Espíritu, como la sabiduría o la inteligencia, o el temor (amor) de Dios (20:12:43)

sábado, 17 de junio de 2017

17 de junio de 2017. Sábado.
ASFIXIA
Un sol de justicia, con manchas. El Roto. El País

-Un calor sofocante, con síntomas de asfixia. Ya, a las nueve de la mañana, te asaetea el bochorno, la sofocación. Y sueñas con una cueva en la que te goteen estalactitas con la amabilidad de una ducha. Ejemplo: la cueva Postojna, en Eslovenia, con sus estalactitas descolgadas para mirarte, y soñarte, y mojarte; o para mirarlas y soñarlas, mojándote. Siento tanto el calor, que, hasta darle al ratón en la computadora, me resulta arduo, trabajoso, terrible. Me cansa solo el mirarlo. Me anima sin embargo el poder escribir palabras, como agua, luna, cascada, rocío, luz, libro, página, ah, y amor, que es el otro calor, el de la zarza que siempre arde sin consumirse, o el silencio de Dios, Diario, gritando (callando), sin consumirse (19:46:39).

jueves, 15 de junio de 2017

15 de junio de 2017. Jueves.
LUCIÉRNAGA, ILUMINANDO

¡Qué claridad!, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Farsa, paso, sainete, pieza, bufonada, mojiganga, simulación, artificio…, y podría seguir. Y si hay farsa, existe el farsante. O el que engaña o finge sentir lo que no siente, o se hace pasar por lo que no es. Es decir, un equilibrista entre lo falso y lo real. Y ser equilibrista es estar entre el viento y la caída, entre la gloria y el vuelo, el vuelo fatal. Se puede estar sin ser y se puede ser sin estar. Sobre todo en los medios. En la farsa se exagera el lenguaje, la vestimenta, y las situaciones acaban a estacazos de mentira, con la venia del público, que ríe. Leo: «A diferencia de la comedia, la farsa no siempre moverá a la risa, pero siempre conmoverá (impresionará) la vergüenza del espectador». La farsa incita a pensar (razonar) y a la duda, y luego a reír o a llorar. Yo, el martes, en el Congreso de los Diputados, vi la representación de una farsa con visos de mojiganga o simulación. Como en los cristobicas, no faltó la cachiporra verbal y el garrote gestual. Las palabras echaban chistas y los ojos se vencían hacia el sueño, en la bancada amodorrada. Y ahí estaban, Iglesias, Irene, Rajoy, Rivera, Ábalos y otros personajes menores, con aire de seriedad, representando el chiste, que se convierte en perorata indigerible, tórrida, pero con sueldo, y conteniéndose la risa, no vaya a ser que se le vea el diente de oro y se descubra el artificio de la farsa, o el desdén de la broma. Ah, Diario, yo solo salí de mi letargo cuando una tal Oramas se saltó el guion y dijo cosas inesperadas y sabias y voló por el hemiciclo como una mariposa liberada o una luciérnaga iluminando. ¡Ah, qué claridad! (12:01:54).

martes, 13 de junio de 2017

13 de junio de 2017. Martes.
HOSPITAL

Arañas negras, en la luna. F: FotVi

-Ayer tarde, fui al hospital a que me descifraran qué le pasa a mi ojo izquierdo, que ve, pero con leves arañas negras, o engaños negros, que van, persiguiéndose, de un lado a otro, sin conseguir alcanzarse. Y molestan. Al ojo izquierdo lo aliviaron de una catarata. Fue como despojarlo de un sayo oscuro, de un telón de embocadura de teatro viejo. Se abrió el telón y dio comienzo la claridad, otra vez pude vivir de cara a la luz. Se me iluminó la estancia. El hospital es un lugar de dolor y grandeza, en el que caben el enfermo y el médico, o la herida y el ángel que crea expectación y cura, a veces. Ver una bata blanca o notar unos pies que parecen levitar al andar, tan sin pisar pisan, es un alivio, es darle una esperanza al desamparo. En oftalmología había niños de gafas grandes que jugaban, madres cuidadosas, ancianos lentos y enfermeras diligentes. Todo perfectamente organizado, como un pequeño acontecimiento casi festivo. Solo eché de menos, Diario, alguna sonrisa más y mirarte a los ojos cuando te hablan: anima tanto (20:04:35).

lunes, 12 de junio de 2017

12 de junio de 2017. Lunes.
LA DÉCIMA

La décima de Rafa Nadal, en París. F. Prensa.

-Ayer, París, se rindió a Nadal: una rendición de admiración y aplauso, y no de guerra. La alabanza, el respeto, el ditirambo laudatorio, estallaron ayer en el Philippe Chatrier, en honor de Rafa Nadal. La raqueta y Nadal, o la paloma y el vuelo. Ambos, Nadal y su raqueta, volando en el cielo de París. Reinventado Nadal, se ha reinventado el tenis en tierra, en la ciudad de la luz. O como dice la escritura en el salmo 64: «el correr de las acequias alegra la ciudad de Dios». El correr de la raqueta y el brazo de Nadal alegran, como un torrente de agua fresca, la ciudad de París (19:52:12).

sábado, 10 de junio de 2017

10 de junio de 2017. Sábado.
DE TERTULIA, EN MOLINA

Un ser risueño, en Murcia, en La Opinión. F: FotVi

-Un pequeño grupo, en tertulia, y la palabra como tema, como pájaro volador al que había que dejar en libertad, el miércoles, en Molina. Encerrada en el libro, había que abrir el libro y dejar que volara la palabra, que saltara de rama en rama, que piara, que dijera sus cosas y volviera al libro, a su hoja de silencios y latidos. A su castillo encantado, y enamorado. Nos reunimos Paco Illán y Toñi, José María  López y Rufina, Irel Faustina, Teresa Sandoval, Juan Serrano y Domingo, y señoras, y algunos más, entre los que me cuento. (No recuerdo más nombres). No éramos muchos, pero sí los necesarios. Ni uno más ni uno menos, exactamente los que debíamos estar. Y, allí, con devoción casi religiosa, dimos suelta a las palabras, que dijeron y crearon, porque la palabra no solo dice, sino que recrea cuando dice. Es el milagro de Dios. Dios decía, y conforme decía, las cosas iban siendo, existiendo: la luz, o el día; y la oscuridad -el otro lado de la luz-, o la noche; y el firmamento, y el agua -la de arriba y la de abajo-, y así, todo: como la aves del cielo, los peces del mar, y los animales que viven en la tierra: también el hombre Adán y la mujer Eva, madre de todo ser que piensa. Y allí, en Molina, le salieron aleteos al libro, palabras, que, tras regalar el oído y mover sentimientos -cosas, misterios, escalofríos -«morder escalofríos, / en las palabras»-, volvían al libro, y allí se encubrían, invernaban, Diario, hasta una nueva primavera, en la que el libro Piedras rodadas sea abierto de nuevo y las palabras vuelvan a rodar, recreando cosas en las cosas, haciendo que vibre el verbo en la lengua y encandile al aire, y al lenguaje (11:43:52).

jueves, 8 de junio de 2017

8 de junio de 2017. Jueves.
EL HÉROE DEL MONOPATÍN

Y corría en patinete, en Londres. F: Malagón

-Y, de pronto, caemos en la cuenta de que la vida es preciosa, irrepetible. Y, aunque joven, la vida se puede ir por la brecha abierta en el costado por una hoja perversa de cuchillo. Solo basta que una mano con odio la empuje hasta abrir una herida por la que la vida se vaya sin retorno. Iba en bicicleta y llevaba un monopatín; y se enfrentó a unos terroristas que acuchillaban a una mujer indefensa. Y, frente a la teoría postmoderna de mirar y huir, él hizo lo que cualquier persona de bien: se enfrentó al peligro. ¿Con qué arma? Su monopatín. El héroe del monopatín -o del patinete- le llaman ahora. Una muerte así, violenta, inesperada, pasaba por allí, se adjetiva heroica. Lo heroico va más allá de lo que es simplemente humano; a nadie se le pide ser héroe. Pero los hay que, desafiando el peligro, se suben a Rocinante (su valor y determinación, su osadía jovial y juvenil) y se defienden atacando. Es lo que le ha ocurrido a Ignacio Echeverría: joven, que, además de héroe, era muy religioso, y del Ferrol. Que una cosa no quita la otra. Y sus amigos dicen de él, que era «humilde, íntegro, muy ético, solidario, ayudaba a los marginados». Yo le doy lo que puedo, Diario, mi homenaje y una oración, y en la que pido a Dios, que detenga esta salvaje selva de odio en que nos vemos envueltos, y que nos regale la paz (20:54:54).

miércoles, 7 de junio de 2017

6 de junio de 2017. Martes.
CULTURA

El vacío, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Ida Vitale, poeta uruguaya, ha dicho que «escribir es una manera de colmar los vacíos de la vida». ¿Qué vacíos? ¿El vacío del amor, el de la duda, el del silencio que tanto dice, el del silencio de Dios en sus silencios? Es cierto que los vacíos no están en el cuerpo; sino en el alma. Ahí quedan grabados como con un buril. La nada y el vacío se dan la mano; se complementan. Estar lleno de nada, es estar vacío. Rasgas el vacío -es un decir- y no suena nada; porque no hay nada. Yo le pediría a Ida Vitale que me dijera cómo se «colman los vacíos de la vida». En todo caso, vacíos llenos de palabras, de poemas, de alientos, de enigmas, también de silencios: es la cultura; vacíos, pues, llenos de cultura. ¿Es, quizá, Diario, lo que ha querido decir (o ha dicho) Ida Vitale? Si es así, de acuerdo: la cultura, que es invisible, impalpable y sutil, llenando el vacío (también invisible, impalpable y sutil) de la vida (11:35:09).

lunes, 5 de junio de 2017

5 de junio de 2017. Lunes.
PALABRAS EN LA BOCA

Y ardía el cielo, en Murcia. F: FotVi

-El domingo se abrió con luz, y palabras en la boca. Con fuego e ideas nuevas en la cabeza, y palabras en la boca. Pentecostés; o el día en que las palabras arden. En Pentecostés, la palabra se hace manjar que masticar, hueso de cereza que silabear. El Espíritu Santo es el que, luego de pasarlas por el raciocinio y el corazón, pone palabras en la boca. Como nos cuenta el profeta Jeremías de aquel día: «Entonces -dice- alargó el Señor su mano y toco mi boca. Y el Señor me dijo: Mira, he puesto mis palabras en tu boca». Poner palabras en la boca de otro, es como hacer que un mudo hable. Que un  mudo pueda decir: amo (y mirando a los ojos a la persona que ama), o tengo sed (y quede maravillado ante la contemplación de la gota de agua que oscila en la hoja). En este mundo de la intercomunicación, donde todo es postizo y prestado con intereses, que gratuitamente te pongan una palabra limpia en la boca y te digan: «¡Habla!», y lo hagas, hablar, y te sientas libre y sabio de verdad, debe ser algo grande, increíble. Debe ser como lanzarte al lago del diccionario y tocar sus profundidades y salir de ellas ileso e independiente, aunque, con unas pocas palabras más que llevarse a la boca para decirlas o callarlas, o simplemente venerarlas. En Pentecostés, y tras la recepción del Espíritu Santo, los apóstoles -aquellos toscos hombres- «se pusieron a hablar otras lenguas», y los que oían, las entendían. Fue como entrar en el diccionario de Dios, Diario, y sentir sus palabras en tu boca y poderlas decir con fluidez y alegremente, sin titubear (20:09:01).

sábado, 3 de junio de 2017

3 de junio de 2017. Sábado.
SILENCIO PAVOROSO

Cercada de silencio, en el espacio. F: Google

-Es un día de sábado con claridad de sábado, que diría Katy Parra, poeta. (Aunque ella diría más exactamente: «con azul de sábado»). El azul portador de ágiles y musicales alas. Me asomo al balcón y veo decenas de aviones -pájaros- piando y yendo a por sus presas, los mosquitos. Sajan el aire y alcanzan el vacío, precipitándose en él, y salen de él, al fin, por una esquina del espacio. Como Ybarra Zabala con la fotografía. Que entró en Colombia para fotografiar el terrorismo y las represalias contra él. Ante una pregunta del periodista contesta: «Yo, en Colombia, aprendí a temer el silencio». En un mundo tan ruidoso, tan rugidor, el silencio, sobrevenido de pronto, aterra. Cuando has oído el silbido de las balas o el atronador lenguaje de las bombas pasar junto a ti, aprendes a temer al silencio que queda a tu lado. Es como quedar solo en mitad de la nada o en mitad de una caída. El silencio, ese lenguaje en el que es posible oír hasta el otro silencio pavoroso de tu conciencia, como una llama que cruje en el candil. Temer el silencio, que vigila desde cualquier discreta hendidura del día o de la noche, sin que lo puedas oír llegar. En el sábado, pues, Diario, solo tú y el silencio, que acecha (19:19:03).

jueves, 1 de junio de 2017

1 de junio de 2017. Jueves.
LA MANO

Con las manos en la foto, en la Mezquita azul. Estambul. Turquía. F: FotVi

-Junio, y el calor nos ronda colérico. Nos ronda con letras cálidas de himno o como un solo de trompeta en la noche encendida y sin luna. Pues también la oscuridad es luz -otra clase de luz- que no parpadea, pero, para poder ver, nos hace tantear. Es la luz de las manos en la oscuridad de la noche. Las manos que hablan y saben. Y dan y quitan, y visten y desnudan. Yo, cuando me pongo a pensar, antes me miro las manos, y compruebo lo que ellas dicen, o callan. Y, si callan, dejo de hacer. Por algo decía Rafael Alberti: «Me marché con el puño cerrado…, vuelvo con la mano abierta». En el puño cerrado, Alberti tal vez llevaba el odio; en la mano abierta, quizá volvía con la amistad. Es decir, al irse y al volver, las manos le hablaron, y Alberti las oyó, escuchándolas. Y es que la inteligencia habla por las manos, y aprende de las manos. En su Rebelión en la granja, George Orwell señaló: «Lo que distingue al hombre es la mano, utensilio con el que comete todos sus desafueros». La guerra se hace con las manos, y la paz se firma con las manos. Y como también diría José Luis Sampedro en La sonrisa etrusca: «Manos de hombre, manos para todo: salvar y matar». Ya en junio, Diario, y el sol en el balcón, espiando, dando con los nudillos en los cristales, para entrar (20:28:58).

miércoles, 31 de mayo de 2017


31 de mayo de 2017. Miércoles.
«NO»

Hablando silencios, desde el jardín. F: FotVi

-Todos sabemos lo que es un país o un corazón totalitarios. El totalitario nunca mira hacia fuera de sí, siempre mira a su ombligo; donde, como diría Paco Umbral, si se entra en él, se cae en la cuenta que no lleva a ninguna parte. Enclaustrarse en el ombligo; o vivir de eremita en tu ombligo. Y pidiendo que todo gire a tu alrededor. Un día, recuerdo, me dijeron que era un totalitario. Había dicho que «no» a una cuestión que me plantearon. ¿Y qué hice yo: llorar, reír, llenarme de ira? No. Simplemente, me di lástima. Desde ese día, traté de olvidar todo lo que había hecho hasta entonces, y cambié de dirección. Y me puse a remar contra corriente de mí mismo: si antes pensaba dos veces un «no» -es un ejemplo-, ahora lo pensaba hasta cinco veces, y daba resultado: era un «no» con melodía, con baile de Cantando bajo la lluvia, distinto. Era un «no» que, aunque contrariaba, no hería, no humillaba,  no sometía. Se veía que no era un «no» mío, caprichoso, sino un «no» que seguía las reglas del juego establecidas, sin trampa ni cartón; un «no», Diario, justo y explicado, que es el que mejor se digiere y se acepta, tanto como morder una guinda con placer o mirar a la luna y que te diga un silencio que hable, un silencio que te llene de sueños y de alas de aves voladoras, una luna coloquial y tuya (19:48:47).

martes, 30 de mayo de 2017

30 de mayo de 2017. Martes.
PERFECCIÓN

Lo perfecto, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Abre el día y me da su luz en los ojos, y, con la luz, el canto áspero y relampagueante del mirlo. Desde las seis anda de picos pardos el enamorado y afanoso mirlo. Ortega decía que «enamorarse es sentirse encantado por algo, y algo solo puede encantar si es o parece ser la perfección». El encanto es una especie de hechizo, que seduce. El enamorado de Dios: o la suma perfección, dice el creyente. O el que aspira a lo perfecto humano, que no puede ir más allá de un bello libro o la Pietà de Miguel Ángel; tras la realidad de la perfección humana, siempre se vislumbra un poder ir más lejos: siempre se puede remediar esa pequeña mota de imperfección que seguramente existe en cualquier bella obra del ser humano. En lo humano, todo lo bello puede ser aún más bello, incluso nuestra propia vida. La belleza de una vida humana siempre puede ser aún más bella, o la belleza y el infinito. ¿Es bello el canto del mirlo? Muy bello. Pero lo es más una melodía de violín que vaya cerrando los ojos de un niño hasta dormirlo. La melodía, los ojos del niño, el sueño: y los vuelos del sueño; esos mundos inverosímiles, con ángeles cantores y lunas que hablan, y niñas que venden nubes. (Elena Poniatowska). La vida, Diario, o esa bellísima obra de arte, siempre inacabada, siempre acabándose y siempre renaciendo, como un ave fénix inmortal (20:06:32).

domingo, 28 de mayo de 2017

28 de mayo de 2017. Domingo.             
ME LLUEVO

Lloviéndose la flor, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Si ves caer una gota, y luego otra, y un racimo más, y una cascada de gotas, acabarás por decir: está lloviendo. Pero si sacas la mano, y ves que las gotas no caen del cielo -el cielo está violentamente azul-, tendrás que deducir que la lluvia viene de otro lado. Resfriado yo, Diario, no sé por dónde se me llueve el día; ¿o se me llueve por la nariz? (19:50:09

viernes, 26 de mayo de 2017

26 de mayo de 2017. Viernes.
ERA MARTES

Piedras pulidas, en Salinas de San Pedro del Pinatar. F: FotVi

-Era martes y las ocho de la tarde. En San Pedro del Pinatar, con la brisa de la tarde, una gaviota graznaba poemas duros bajo un cielo de canción azul. La gaviota con sus poemas, y yo -un libro bajo el brazo-, con los míos. Estábamos convocados para la presentación -su grito de salida- de Piedras rodadas. O como dicen unos versos del libro: «Muchacha -¡mi palabra!- / desnuda, como piedra / rodada entre diamantes, reposando en tu belleza». Piedras rodadas, pues, las palabras, que se desprenden de la montaña del idioma y, caídas en el riachuelo del lenguaje, lo van llevando hasta la mar de la comunicación, del manifiesto, del poema, del alarido. La palabra, como una hoja de acacia, tiembla cuando se la elige para ser escrita, que es cuando queda incendiada para siempre. ¡Escribir una palabra! ¡Con qué sacudida lo hace mi mano! ¡Con qué reverencia y temor! Y allí estábamos -Visi Martínez, alcaldesa, Paco Illán, poeta, Pepe Criado, editor, y un servidor-, sirviendo a las palabras, honrando a las palabras, para, hechas verso, recitarlas en poemas, hacerlas vuelo eterno, en libertad sin fin, alentando la paz, la vida, la justicia, la libertad. Que la poesía es invencible, porque es eterna, y queda como verso conciso, desnudo, dulce unas veces, hiriente otras, siempre vigilante, y desvelado. Y había abundantes amigos, Diario, que querían escuchar: hasta unas niñas de pocos años, Sandra, Irene, Saray, Eva, que me miraban con ojos absortos, seguramente si entender nada, paro embelesadas por oír cómo sonaban las palabras, como con una música distinta, con melodía de salmo o canción de cuna; en todo caso, sugerentes, atractivas, y hermosas (12:48:12).