miércoles, 22 de noviembre de 2017


22 de noviembre de 2017. Miércoles.

DARDOS ENVENENADOS

Un instante de lluvia, en mi balcón. Murcia. F: FotVi

-Sigue el sol y sigue la ruina. Mientras se cuartea la tierra. La tierra, hasta este mes de noviembre, suelta fuego por el suelo agrietado de los embalses. Estos embalses mudos de agua, pero calientes de desastre, escupen fuego por sus grietas. Y, entre tanto, seguimos con lo de Puigdemont en Bruselas, y Rajoy, Iglesias y Sánchez, en Madrid. Todos tirándose dardos envenenados. El veneno de las palabras, tomado en sucesivos y ligeros sorbos de idiotez o cólera, mata tanto o más que el cianuro. Solo las palabras dichas con amor, Diario, salvan e iluminan, y aun difuminan el mal (18:05:23).

lunes, 20 de noviembre de 2017


19 de noviembre de 2017. Domingo.

CUERDA FLOJA

En la cuerda floja, de la línea. F: FotVi 

-Ando por la línea de escribir, como un funámbulo por el alambre. De este punto a aquél, me digo, y miro hacia el allá, y tanteo con el pie. Vibra el alambre. Sufro de miedo. No pienses en la caída. ¡Hice esto tantas veces!, te dices. Doy el primer paso, se comba la línea de escribir. Dudo; pero sigo. Oscila el contrapeso. No lo miro, solo sé que está, como alas, a mis lados. El escritor es un volatinero que aletea palabras sobre la cuerda floja; y para el que siempre existe el peligro de caerse. Y de morirse; o solo quedar herido, o salir ileso. Es un volatinero que, aunque alguna vez se caiga, si no muere, sigue adelante. Hasta llegar al final de la cuerda, donde se halla el éxito; nunca el fracaso. Porque, aunque no haya nadie aplaudiendo o silbando, siempre está el escritor, el equilibrista, que ni se aplaude ni se silba, pero que sigue escribiendo, subido a la cuerda floja, explorando luces y sombras, metiéndose en las entrañas de las palabras, y en las de la persona humana, para decir lo que ve y contarlo. Contar una mala acción o una acción de bondad y libertad, de éxtasis. Todo cabe en el funambulista escritor: la luz, la piedad, la guerra, la traición, la fantasía, el hombre, la nada; y con el poeta Adonis, inquirir: «¿Debo preguntar cómo acabará este mundo o cómo ha empezado este infierno?» O con los versos, Diario, de otro poeta: «¿Si digo una palabra, si la digo / alta y azul, anuncio el mar?» Caminando por la cuerda floja (13:04:36).

viernes, 17 de noviembre de 2017


17 de noviembre de 2017. Viernes.

EL INSULTO

Palabra sin gajo, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Se ha de tener mucho odio, arañas negras, palabras podridas en la boca y pocos dientes, para lanzar un insulto contra alguien. Para masticarlo y decirlo. Y muy poco pudor. Quien profiere insultos, es como el que cría sapos en su interior y los echa por la boca para que croen, para que charleen. El insulto, dice el Diccionario-, ofende y avasalla, humilla. La palabra -ese don divino que se nos ha regalado, esgrimida para trasmitir suciedad y roña, y tizne, en la cara del otro. Como un salivazo hediondo y cínico, perverso. Se puede discrepar, pero no insultar. El que insulta demuele sus argumentos, derriba su autoridad, se hace pis en su propia boca. No insulten ustedes, Rufián, Iglesias, políticos todos. No insulten, hablen, simplemente eso: hablar, decir, y, si quieren ofender, háganlo con un verso, verso que no entenderán sus adversarios, y ustedes se habrán salvado. Parafraseando a Adonis, digamos que, aunque no te lo propongas, podrías pensar que lo que dices del otro, te lo dices a ti mismo. Y, en todo caso, Rufián, Iglesias, todos los demás políticos, piensen con Pere Gimferrer, que «todo» -las palabras, los gestos, la luz, las sombras, esto, lo otro, lo que quema, lo que muerde- «todo es un pacto de irrealidad». Cuando vosotros no estéis, el mundo seguirá caminando: con sus risas, sus angustias, sus cinismos, sus verdades, sus cóleras, sus tiznes, su santidad, sus infiernos. Y es que el insulto, como hoja de ruta a seguir, Diario, como cencerro que solo avisa de que por allí transita un buey, rumiando ira o quizá  bondad -¿quién sabe?-, nunca ha resuelto nada, salvo divertir a los dioses o a la plebe, otra especie de dios pequeño y frágil: dios menor este, tierno, desvalido, y tan huérfano de afecto… (12:04:49).

miércoles, 15 de noviembre de 2017


15 de noviembre de 2017. Miércoles.

SIETE VELAS ENCENDIDAS

Para Candela, desde el jardín. F: FotVi

-Hoy Candela ha cumplido siete años, como siete velas encendidas en el candelabro del tiempo. Pero a la vez que se encienden siete velas -que lucen, hablan, hacen historia-, se apagan otras siete. Candela cumple años, y con los años, abre libros, suma y recta, juega, oye hablar a la luna, se asombra, pero, al tiempo, pierde años. Candela, esta pérdida de años, aún no la nota; con los años crece y se fortalece, y la sabiduría y la gracia la van invadiendo, como el agua de riego en un campo de trigo, lentamente, hasta ser cosecha, y, luego, blanco pan. Pan en la mesa luminosa de la vida. Candela, felicidades, porque todavía llevas puestas las alas de la inocencia, y de ti se podría decir aquello de: «doblo la página del día, / escribo lo que me dista / el movimiento de tus pestañas». Con Octavio Paz, y, en el día de tu cumpleaños, te felicito de este modo tan cercano y tan cierto, Candela, nuestra pequeña maravilla. P. D. Perdona, Diario, que no me dirija hoy a ti directamente; mañana será otra día, con otro sol y otros asuntos por los que transitar; eso, sí, con rosas -y alguna espina, quizás- en el movimiento de las pestañas de Candela, ¡gorjeo! (12:01:59).

martes, 14 de noviembre de 2017


14 de noviembre de 2017. Martes.

PALOMA CANSADA

Paloma pensativa, en mi balcón. F: FotVi

-Me levanto con la mente clara y las piernas menguadas, inciertas. Doy pasos difíciles. Pero como toda paloma cansada, insisto en volar, sin importarme el dolor y sí la rabia, mi afán por extenderme en el vuelo y abarcar los cielos, abrazándolos. «Así enciendo mi llama», que diría el poeta libanés Adonis. La llama de volar utopías, aunque parezcan imposibles; la llama de hacerme con el tiempo y su declive, intentando dominarlo, aunque, al fin, me destruya. Me adentro en la mañana y compruebo que casi todo sigue como lo dejé el día anterior: Puigdemont en Bruselas, con su casco prusiano -el pelo- impidiéndole pensar, y sus discípulos, confusos: mediocres paladeando la mediocridad. Siguen las lágrimas de Buffon, que han conmovido al mundo -dicen los que buscan hacer de cualquier cosa una tragicomedia-, por quedar Italia eliminada del Mundial. Como si lloraran las ruinas del Aventino y toda la historia de Italia por tal calamidad. La frivolidad arruinará el mundo. Mientras, el planeta todo está en peligro, lo dicen los sabios que vigilan su decadencia, y esto no nos conmueve, las lágrimas las dejamos para llorar la imbecilidad. La estupidez, decía el pensador Zygmunt Bauman, mueve a las masas, con sacudidas de oleaje. Menos mal que el cielo está azul, Diario, y el anticiclón no deja que haya lluvias torrenciales de estulticia. Celebración, pues (18:35:49).

domingo, 12 de noviembre de 2017


12 de noviembre de 2017. Domingo.

NO ABANDONES

¿Detrás de la puerta?, en Mula. F: FotVi

-Ayer me levanté pensando en el hospital: a un  tiempo lugar de dolor y de esperanza, me dije. El dolor queda dentro de los muros del centro, donde es lamento y bostezo, y la esperanza, fuera, donde andan los sueños y los proyectos. O la libertad. Porque la realidad nos dice que se es libre fuera de la jaula. Dentro, solo se puede soñar, o, en todo caso, caerse al fondo de la nada, donde están los detritos. Voy, con José Luis y Antonio, a visitar a Juan Fernández, al que se le nota en su aspecto la cólera del hospital perfecto. Todo hospital es una combinación de ira y de fe, de expectación silenciosa abierta al asombro. Todo es susurro en el hospital: desde las batas del personal sanitario hasta la enfermedad misma. La enfermedad se susurra, no se dice. Anda por los pasillos de esta jaula de clausura, como un pájaro atemorizado, al que le diera pudor volar. Y el dolor está -pájaro sangrante- al otro lado de cada puerta a la que te asomas. El enfermo, en la cama o en el sillón, ligado a los muchos cables -cordón o cordones umbilicales- que mantienen en activo su vida, con dudas no obstante. Y los familiares con el titubeo de la plegaria en los labios o la mirada perdida en los ojos. Sin embargo, andando por estos pasillos, Diario, parece que oigo el verso de Adam Zagajewski, que musita: «Habla más suave. No abandones la poesía». Lo oigo, y se lo digo a Juan, mi amigo (18:25:08).

miércoles, 8 de noviembre de 2017


8 de noviembre de 2017. Miércoles.

OH NAVIDAD

Oh Navidad, en imprenta. F: FotVi

-Un nuevo libro en la imprenta, y nervioso. Éste podría ser el parte de guerra -o de vida- de hoy. Franz Kafka, que no se hablaba con su padre, luego de publicados, tampoco se hablaba con sus libros. Yo tampoco. Como la hoja caída no vuelve al árbol, no me gusta volver a lo que ya está fuera de mí. Lo escrito, escrito está, que diría Pilato. Kafka solo hablaba con el delirio de su soledad, siempre amenazada de una culpabilidad invisible, que estaba en él y lo perseguía con una impiedad letal, la que nunca se arredra, la que siempre se muestra sonriente cuando te persigue. Como una burla. El libro se titula Oh Navidad, y recoge poemas de hace muchos años; desde hace un cuarto de siglo, cada año, uno. Es un libro que, dentro del Misterio, describe pequeñas cosas, como la sonrisa de un niño, el destello de un diente al reír, la lluvia, como llanto, del agua, etc. Libro que quiere resaltar la humanidad del Misterio, sus destellos divinos, humanizados. Y que ocurre a las afueras de Belén, en una cueva de pastores. Es un canto a lo sencillo, a lo que parece accesorio, resaltando en ellos el latido de lo hermoso, de lo divino sin pontifical ni espasmódicas luces: en la semioscuridad de Dios. Poemillas los llamo; poemillas que nacieron en San Pedro del Pinatar, Los Alcázares, San Blas y el Carmen, en la Ribera. ¿Y para qué? Para hacer felices -si así les parecía-, a los que viven la Navidad, Diario, con más luz interior que luces de neón, con más intimidad que charanga, con más calor de Dios que lumbre de los hombres (13:06:39).

domingo, 5 de noviembre de 2017


5 de noviembre de 2017. Domingo.

Y DIERON A LUZ UN RATÓN

Luz en la noche, en Mula. F: FotVi

-Paseaba yo -como lector- por las páginas de la Epístola a los Pisones, de Horacio, cuando de pronto me doy con el verso: «Parturient montes, nascetur ridiculus mus». Iban los montes a parir, y dieron a luz un ratón. ¿O qué esperaban: otro monte enorme y consistente, aunque delicado y tierno como un peluche? Todos esperando la monumentalidad y se tropiezan con un asustado ratón, que, huidizo, escapa por entre la maleza; con los ojos casi rebotados por el asombro. Porque los ratones -terror de las gentes- tienen sensibilidad y miedo, y ponen los pies en polvorosa cuando se ven acosados. Esto ha ocurrido en Cataluña con los capos (cabezas) del proceso: unos huidos y otros en la cárcel; o sea, escaldados. Muy triste todo; pero lógico. O ilógico, según se mire. Lógico para los tirios (los unos) e ilógico para los troyanos (los otros). Ambos enfrentados, como toros con los cuernos y las miradas rojas por delante. O sea: natural para los legalistas y absurdo para los de echarse al monte y cabalgar, sin riendas y sin ruta, o en ruta descaminada. Y ambos, desorientados, andan a sablazos, a puñalada limpia, sin compasión, brutalmente. No valen las palabras; sino el voltear de las campanas, o el fragor de los aceros. Se huele a cascos de caballo, y a sudor, y a lágrimas. Se huele a guerra. El poeta dijo: «Donde no hay palabras, / o cantos de pájaro, / o juegos de niños, / hay cuchilladas y guerra, / hay perversión.» No hay revoluciones que no se paguen, o con muertos o con cárcel, y desengaños. Mejor las palabras que las guerras de cien años, aunque sean para salvar a un dios imaginariamente tridente y belicoso, excluyente. Yo me quedo con el Dios de las palabras, en las que los pájaros hacen nidos y los niños juegan, y las guerras -con solo sueños como armas de ensueño- son una ficción con final feliz. El Dios de las palabras se hizo hombre, y nos habló, e hizo nuevas, palabras viejas, como amor, prójimo, libertad, niño, paz, madre (él mismo se presentó como una madre que ama), y la misma palabra Dios, al que llamó Caridad, y al que libró de toda beligerancia y exclusividad, haciéndolo habitante del mundo y no nacionalista. Y desde entonces, Diario, hasta la arena del desierto o el agua del mar, lo llaman Padre de todo lo creado, y lo celebran con su clamor de cada día, como la rosa o la luz, o el niño que juega y llora, o sus mismos silencios, los de Dios, que, a veces, son grito y relámpago, hoguera (11:34:06).

miércoles, 1 de noviembre de 2017


1 de noviembre de 2017. Miércoles.

PEQUEÑA JOYA ESCONDIDA

Humilde flor, pero haciendo jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Hoy es el día de la santidad en forma de diamante, la santidad pequeña, joya escondida. Pequeña, pero joya o alhaja o filigrana; o abeja envuelta en un relicario de ámbar y de años. Es la santidad de mi madre, de la tuya, del hermano, del padre achacoso, de la abuela con rosario y cansancio en las manos, del pobre con periódico y manta y postura de feto, durmiendo en la calle. Día de la santidad gloriosa, y sin embargo con olor a campo, a fregona, a aguja de zurcir prendas de vestir, la sanidad vestida de sencillez y cotidianidad, la de las bienaventuranzas. Los pobres, los que lloran, los perseguidos, los que ofrecen su vida por la justicia, los que se echan al mar para tocar la libertad y una soñada prosperidad, los que no devuelven mal por mal, sino mal por paz, ni dicen palabras falsas ni hinchadas de odio, estos son los santos que celebramos hoy: «los vestidos de blanco que han lavado sus ropas en la sangre del Cordero». (San Juan). Hoy, yo celebro, entre otros, a mi madre: santa de silencios largos y rosarios extensos: «Seis -decía- y lo suelto»; es decir, seis rosarios y todos los padrenuestros y avemarías de más, que iban llegándole a la boca como mariposas sagradas, que ella masticaba y las hacía vida de su ancianidad sin una queja, postrada en un sillón. Hoy, en la ciudad, y en  la clandestinidad de la noche, Diario, han caído unas gotas de lluvia, que me han recordado las cuentas del rosario de mi madre, deslucidas como sus dedos, como sus pupilas, como su corazón generoso y siempre disponible para las bienaventuranzas, las ocho, como otro rosario de santidad (12:59:18).

martes, 31 de octubre de 2017


31 de octubre de 2017. Martes.

TRIGALES ENCENDIDOS

Recordando que es tierra, en Torre de la Horadada. F: FotVi

-Van por la vida como gallinas perseguidas. No es lo mismo prometer que dar trigo. Trigales encendidos. Hay utopías que solo suceden en la boca: como llenar de flores todas las tumbas. Imposible, pues los hay que acaban su vida en el mar, y sin signo que los distinga. Por eso dice Adam Zagajewski, poeta -de los poetas es el reino de los cielos, y el de la libertad-: «Cuando te vayas, como las nubes, / se teñirá de bronce tu recuerdo». Muchas veces, vivimos en los recuerdos: los recuerdos, que son nuestro porvenir. Sin recuerdos, los pasos se pierden, o, en todo caso, hacen de nuestra vida una duda. Cuando Marcel Proust escribió En busca de un tiempo perdido (1908 y1922), se subió a sus recuerdos y construyó un relato flemático y sublime, que hace que los recuerdos hablen y cuenten, y vivan, y le den luz a las palabras. Los recuerdo, que son como la luz que de pronto surge en la oscuridad. Cuando estás perdido, cuando no hallas la salida, un fósforo, una chispa de pedernal, te aclaran el camino. Estos días ando perdido: los recuerdos no me salvan. Y es que solo tengo un recuerdo: el del caos. Puigdemont, en Bruselas, y la justicia, Diario, jugando a los dados. Caos. Como diría el poeta: «¡Patria, cómo te extraño!». Quevedo (19:11:01).

lunes, 30 de octubre de 2017


30 de octubre de 2017. Lunes.

PATRIA DE SANGRE

A punto de echarse a volar, en Murcia. F: FotVi

-Me asomo al lunes y celebro la luz, que, dulce y parpadeante aún, ya acude al día, muy de mañana, para encenderlo. Y lo enciende en mi balcón, y en las copas de las caudinas, y en el bostezo que se me escapa de la boca como un pez inquieto, despertándome. Después del sábado atolondrado del independentismo y del domingo con misa y manifestación, llega el lunes, impensablemente tranquilo. Amable, acogedor. Y entonces, Diario, clamo con Octavio Paz: «Patria de sangre, / única tierra que conozco y me conoce, / única patria en la que creo, / única puerta al infinito». ¿España, única puerta con horizontes, libre, al infinito? Y callo, y reflexiono, y dudo (18:51:37).

domingo, 29 de octubre de 2017


29 de octubre de 2017. Domingo.

EL PÁJARO Y LA FIERA

Amanecer, en Murcia. F: FotVi

-Siempre andan cerca el pájaro y la fiera; o un salmo y el infierno. Si haces de pájaro, tendrás que volar, y cantar, y hacer un nido; si de fiera, tendrás que enseñar las fauces, y exhalar ira, y quemar tu furia, aterrorizando. En el salmo están la alabanza y lo festivo, la celebración; por el infierno, sin embargo, andan ángeles rebeldes con su triste alegría de vencidos; ríen, pero andan con el rabo entre las patas. Y miran oblicuamente, como odiando de reojo, y es que el odio de frente puede enternecer. Mirar de frente al que vas a atacar, debe ser difícil, por complejo e incierto, ya que nunca te augura un fin exitoso. ¿Y si al mirar al que vas a embestir, te devuelve su mirada con una gota de luz o miel en su interior, con un parpadeo de bondad en su fondo más doméstico, más apacible por tanto? Todo esto viene a cuento por lo que ha ocurrido en Cataluña en los últimos días. ¿Dónde están el pájaro o la fiera; el salmo o el infierno? ¿Puigdemont, Rajoy, esa gota de agua que humedece la tierra, ese insulto en las redes sociales, esa insolencia política? En la historia del hombre, Diario, siempre hay un pájaro que vuela y una fiera que acecha, un salmo que alaba y un infierno que ruje; y lo peor de todo es que es el hombre el protagonista principal en uno y otro caso. El hombre es bendición y maldición, terrible negación y algo de aliento divino, que brilla, sobre todo, en los actos donde reina la cordura y el deseo por avanzar, aunque sea tropezando y cayendo, pero levantándose siempre, como, tras la noche turbia y sus miedos, tras todos sus infiernos, se encumbra el día, y poco a poco se hace luz, esplendor, se abre el universo (18:31:39).

viernes, 27 de octubre de 2017


27 de octubre de 2017. Viernes.

SUSPENDIDO DE UN PARAGUAS

Paraguas caído, en Murcia. F: FotVi

-Dormía yo plácidamente, cuando se me apareció Puigdemont, suspendido de un paraguas, volando. El paraguas por arriba y los pies de Puigdemont trastabillando contra las dunas, en las piedras, contra los lirios del campo, por abajo. Una alucinación. Lo perseguía el artículo 155 de la Constitución, con su 1 de flecha dirigida a sus pómulos inferiores (es decir, posaderas) y sus dos cincos (55) con figura de hoz, tratando de alcanzarlo y segarlo, depurarlo. Sudaba la gota gorda «el pobre pobre», que diría Neruda, y se refugiaba en el digo pero no digo, en ahora desenfundo para al momento enfundar atemorizado, voy a dar y me quedo con la bofetada a medio dar, o se me vuelve contra mí mismo, dejándome sin ansias; pero de pronto, y a las cinco de la tarde -hora taurina-, se fue a bajar del paraguas y dio con sus huesos en un atril despavorido, como una percha a la que le cuelgan un espantapájaros o un moribundo que ya está muerto. Bajo el flequillo, veo que -como una abeja que le chupara la razón- una duda le perfora el cerebro: hasta que se lo comió la duda, haciéndose todo él, tras el atril, un interrogante rugoso y perverso, lúgubremente lacrimoso. Y no dijo nada, pues la nada es su vocación. Mientras la abeja, con voz de una bella muchacha casi adolescente -Inés Arrimadas-, le decía: «Ha quitado los sueños a Cataluña». Y es que sin sueños, no hay libertad, ni utopías, ni un punto de luz que luzca en las estrellas, ni un caballito de mar pensando filosofías; sin sueños, no hay vida, me lo dijo un alquimista que hacía de las yedras oro y del oro, «sílabas con hambre de lectura», o así. Y aún sigo, Diario, en la pesadilla: Puigdemont cogido a su paraguas, sin fantasías que ofrecer y derrotado (12:11:15).

miércoles, 25 de octubre de 2017


25 de octubre de 2017. Miércoles.

CUMPLIENDO SIGLOS

Vejez gloriosa, en Éfeso. Turquía. F: FotVi

-Ayer fue día, en cascada, de felicitaciones. Desperté, y no caí que era veinticuatro de octubre. Alguien llamó al teléfono y dijo: «Felicidades». Y, casi dormido aún, me puse a mirar en mi entorno, como un perdido. Felicidades, ¿por qué? ¿Nadaba contra corriente, o era la corriente la que me llevaba? Hasta que me aterré: era mi cumpleaños, mi nuevo escalón resbaladizo y viscoso hacia el final. Pero me recompuse al instante: y puse voz de ser feliz cumpliendo siglos, décadas, vejez. Y sonreí; y dije: «Gracias», y fui feliz, pues la verdad de la amistad me aceleró los latidos y puso en órbita mi corazón. Una órbita de mirlos, de casuarinas -árbol-, de estrellas locas. Me sentí feliz, más que por cumplir lustros, por saber de amistades. Empezaron a lloverme felicitaciones por teléfono, whatsapp, facebook, y, esto, Diario, me reconcilió con mi vejez, que, a ratos, la contemplo luminosa, y achacosa, y divertida, aunque diga alguna vez con T. S. Eliot aquello de: «la piedra seca no da agua rumorosa», y entonces callo y pienso, y, pensando, me veo niño «aún volando en mi caballo de cartón» (19:31:03).

domingo, 22 de octubre de 2017


22 de octubre de 2017. Domingo.

DIALOGO CON EL DÍA

Como un pájaro, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Me despierto y dialogo con el día, con su ropaje de colores: y estoy en él, hasta que cierre su consulta. Un pájaro, desde una rama de árbol, me avisa de que él también dialoga, y lo hace con la música nacida de las plumas hinchadas de su garganta y desde el violín de su pico. El pájaro se despierta con Dios en el pico: y trina. El trino del pájaro; o el salmo con el que abre el día, para vivirlo desde el asombro y el vuelo, desde la más hermosa y ebria libertad. A él -al pájaro-, Diario, quisiera yo parecerme (19:18:15).

sábado, 21 de octubre de 2017


21 de octubre de 2017. Sábado.

AYER, EN MULA

Manolo, Vicente, José María. En Mula. "Piedras rodadas". F. J. Fernández

-Ayer, en Mula, y en el Museo Ibérico, asistí a una reunión en la que se decían palabras y se hacían silencios, o se hacían silencios que llevaban a la palabra, para, tras esta, volver otra vez al silencio. Silencio, palabra, y vuelta al silencio. Y es que a toda palabra -y más si es palabra poética- la precede y la sigue un silencio, que suele decir cosas al alma. Cuanto más bella es la palabra, más callado es el silencio que le sigue. Silencio: o reflexión. A veces las palabras callan y conversan los silencios. Como en la mañana, que, al canto del gallo, sucede el inquietante y bellísimo silencio del amanecer. Sus líneas indefinidas, sus colores anhelantes. La vida que toma forma y se congratula de verse. Y en esas estábamos: diciendo palabras y haciendo silencios. El silencio que es una glorificación golosa, íntima, cruel a veces, liberadora otras, soñadora siempre, de la palabra. Y cuando decía estos versos: «Dios, mi silencio roto, / ¡mi agonía!, / cuando le hablo. / O le callo», sonó el tímido aplauso de unas manos, al que se unieron otras, y así hasta el aplauso total. Sonó un aplauso cerrado: otro lenguaje. Les estaba llegando el corazón del poema, su tensa calma, el sangrar de sus palabras. Pero hubo una voz que paró el aplauso y, con paz, y de un modo didáctico, dijo: «En las sinfonías, no se aplaude entre parte y parte de la misma, sino al final». Y acudió el silencio en su auxilio. Por unos momentos, se personó el silencio en la sala; hasta que, de nuevo, y pasado un tiempo, rompió el aplauso, y el poema (o las palabras), hasta el final, cuando da comienzo entonces, Diario, el terror de las firmas y de los parabienes, que es como una subida al cadalso, como una quiebra de la palabra y sus silencios, como un pequeño aporte del autor al precio de los aplausos. En todo caso, gracias a todos por la paciencia de escuchar y la virtud de hacer silencios. Como en una sinfonía. Gracias (19:14:58).

jueves, 19 de octubre de 2017


19 de octubre de 2017. Jueves.

MAÑANA, EN MULA

Piedras rodadas, en Mula. F: FotVi

-Mañana, representación. Mañana, habrá piedras que ruedan; o palabras que se dicen y, rodando, hacen que vivan las cosas. Sin ellas, sin las palabras, el mundo sería un mutilado de sonidos, con vida, pero sumido en un impresionante silencio. En una mudez pavorosa. Mañana, en Mula, recitaré poemas; cosa insólita. Recitaré poemas tomados de mi libro Piedras rodadas; piedras estas que son palabras y también silencios, y que dicen más que aparentan, tanta es su humildad. En los silencios, las palabras hablan, y, hablando, explican los silencios, sus habitaciones, sus paisajes, sus pájaros cautivos, su oleaje interior. En un verso de luz, dice Octavio Paz: «Todo lo que mis manos tocan, vuela». Y sigue: «Está lleno de pájaros el mundo». El mundo está lleno de palabras que dicen, que acogen, que brotan del silencio, hablándolo, agrietándolo, inventándolo. Mañana, Diario, en Mula, diré palabras, que abrirán silencios, y nos dirán sus cosas, sus criptas íntimas, sus tigres voladores, y su paz, tan comestible (18:45:35).

miércoles, 18 de octubre de 2017


17 de octubre de 2017. Martes.              

INVIERNO DEL ESPÍRITU

Otoño, en Torre de la Horadada. F: FotVi

-Vuelvo a lo mío: a mi raíz, donde se halla el germen, el origen; o el lugar donde me escondo -como bajo la dulce maternidad de la tierra- para resurgir en primavera hoja y flor, y fruto. Y pájaro. Y reptil. Y duda. Y contemplación. Aunque también, a veces, pesimismo y desilusión: o el invierno del espíritu. Invernar en la estrechez para luego florecer en la abundancia de la primavera, es un milagro de la paciente naturaleza, y de la fe. La fe del árbol, la fe del alma, en el tesón o empeño de lo creado. Como San Juan de la Cruz, diré de este encierro o invierno íntimo: «¡Oh cauterio suave! / Oh regalada llaga!». El cautiverio y llaga, Diario, de recluirse, de invernar, para poder tocar luego la libertad y volar así hoja, o flor, o fruto, o pájaro, o reptil, o duda, o contemplación, en la inmensidad de la dilatada primavera (19:19:44).

martes, 17 de octubre de 2017


15 de octubre de 2017. Domingo.

HUMILDEMENTE TIERRA

Amanecer de luciérnaga, en Las Canteras. Las Palmas. Gran Canaria. F: FotVi

-Vuelvo de Canarias, con las antorchas encendidas; y, como de unos juegos olímpicos, victorioso. Es la victoria de lo sencillo, de lo familiar, de Candela, frente a lo solemne y desmesurado, frente a la mitra y la corona. Ver dibujos animados una hora y otra, y jugar a todos los juegos imaginables (con trampas infantiles y cambio de normas sobre la marcha, desde luego), y bailar (aunque duelan todos los huesos), y cantar (aunque se desafine), es algo que te rejuvenece y te hace volver a la niñez, como si corrieras los sueños otra vez del revés, y aun dando hermosos trompicones, pero sin caerte, siempre ilusionado, alzado. Como si empezaras a vivir una vida distinta, con ilusiones y aventuras que te recuerdan que eres selva y no calle de ciudad, sin ninguna atadura que te impida ser lo que eres, desatando todos los nudos de todos los problemas, sin esfuerzo, con corazón y niñez, con solo vivir la alegría de vivir. Vuelto de Canarias, Diario, con unos pocos años menos y una esperanza nueva más: como de luciérnaga que creyera deslumbrar a la luna y se sintiera la única e imprescindible luz encendida, sin ataduras ni complejos, como diría el poeta: «humildemente tierra», pero que «alumbra la creación» (20:09:10).

domingo, 15 de octubre de 2017




En Las Palmas, no se me permitió entrar en esta página de El bosque apócrifo, por lo que no pude alimentar a mi Diario. Ahora lo hago: aquí revelo lo poco que fui capaz de escribir, como un signo de mi buena voluntad de estar con mis lectores. 




8 de octubre de 2017. Domingo.

DÍA FELIZ

Tocaba la bendición, en La Isleta, Las Palmas. Gran Canaria. F: FotVi 

-En Las Palmas de Gran Canaria; y Candela, como sol que alumbra sin dañar la vista, incitando a la alegría. Con ella, todo el día se hace un gorjeo de palomas. Comimos fuera, en la Isleta, y el mar se hacía espuma a mis pies; y no era un sueño, Diario, yo sentía que me tocaba la bendición (19:58:39).



11 de octubre de 2017. Miércoles.

TIEMPOS OSCUROS
-Llegaba a Canarias y se me cerraba el cielo: de nubes ligeras. El avión patinaba en las nubes y bajaba, solemne, camino de posarse en tierra. Volábamos sobre el mar, y la gran paloma de metal, al descender, crujía por todas partes, como un esqueleto de dinosaurio derribado. Hasta que, con un golpe seco, se posó en el suelo, abriendo más las alas y los ruidos, y la respiración contenida delos viajeros. Bajamos del gran volador, y salimos a la fiesta de los besos y los abrazos. A las afueras, me esperaban mis familiares, con Candela de recepcionista oficial y tierna, con dos besos y un esconder la cabeza como de pudor, que rescato con otro beso y la alegría de abrazarla. Mientras, en la Península, o sea, en España, sigue la farsa de los muñecos rebeldes. O los polichinelas de la independencia catalana. Como diría Chesterton, estamos en tiempos oscuros, como aquellos del medievo, en los que se nos aparece un árbol carnívoro, devorador de pájaros azules, y que, en la primavera, en vez de hojas, da plumas también azules. Y comenta Chesterton que «el espíritu de la bestia venció al espíritu del árbol». Y es que el árbol desoyó el consejo que le diera el ermitaño Securis, «no imitar de los animales sino el movimiento, no la voracidad ni la destrución». Voracidad y destrucción es lo que ofrecen los dirigentes catalanes; no son un árbol que camine pacíficamente con otros árboles, sino un árbol que devora pájaros para más parecerse a la vacada a la que conduce. Devora pájaros y, en primavera, en vez de hojas, dará plumas. No corcheas y semicorcheas, como en una viñeta de Mena de hace años, en ABC. El jardinero no recogerá hojas caídas del árbol, sino plumas azules de ave zancuda, belicosa. En Las Palmas, donde lucen banderas rojo y gualda en los balcones, espero con ansia blanca, Diario, que se arregle este desaguisado que han montado Puigdemont y sus corifeos, para que vuelva el árbol a la paz del bosque, y, en la próxima primavera, nazcan de sus ramas hojas y no plumas de pájaro ensangrentadas, manchadas de indignidad y tragedia (12:07:04).