domingo, 22 de marzo de 2020

22 de marzo de 2020. Domingo.
EL SILENCIO DE LA LUZ

Un poco de luz, entre el ramaje de la tiniebla. Torre de la Horadada.

-«En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz», dice San Pablo, en tiempo de tinieblas. La tiniebla es el silencio de la luz, su lado oscuro y terrible, donde se acumulan todas las cegueras. Extiendes las manos y nada palpas, nada reconoces, solo noche cerrada. Y, al andar, das traspiés, tropiezas con tus limitaciones, con tu soberbia. Estamos en el lado hosco, inquietante, de una pandemia, en su interior más desolado, más incierto. Y nos preguntamos: «¿Saldremos de este túnel, de esta selva de confusión y malezas?» Pero San Pablo nos alienta: «¡Seréis luz!». Seremos luz en la solidaridad, en la piedad, en el amor. Actitudes y comportamientos que estos días están iluminando nuestro precario caminar. Es decir, ser la cerilla que se enciende en la noche para que los demás puedan andar, y que el ciego, fiándose de la palabra de quien le untado los ojos con barro hecho con saliva, vaya a la piscina de Siloé y se lave, y vea la luz. Que la noche se haga claridad, esplendor, bosque de estrellas. Mañana diremos: «¡Por fin, la luz!», y nos restregaremos los ojos, incrédulos, y vendrá la alegría a nuestras vidas, y veremos el horizonte brillar. Y a los niños salir al parque a jugar, y los a padres reír, y los silencios de ahora, Diario, se convertirán en júbilo incontenible, y habremos salido de las tinieblas, y, con la luz, nos sentiremos luz. Y nos podrá decir San Pablo: «¡Ahora sois luz..., en el Señor!» (13:27:47)

sábado, 21 de marzo de 2020

21 de marzo de 2020. Sábado.
¿CREER EN LO INVISIBLE?

Creyó ser luz ,y lo fue. Torre de la Horadada.

-Aunque el día amanece turbio, como algo viciado, hoy es el día de la Poesía. Aunque los sueños parezca que se los ha llevado el covid 19, que ya no están ahí, que se nos han escapado por los ojos y el cansancio, hoy es el día de la Poesía. A pesar de la tristeza y el dolor, de las escuelas sin niños y las calles vacías, de la vida confinada, de los miedos que causa la tragedia, hoy es el día de la Poesía. Y de los Bosques, los que alimentan nuestras ideas y palabras, los versos y sus silencios, la vida toda; es decir, el árbol y la fauna, el manantial y la brisa, la pureza y el aire, y la contemplación. Un día más y ya son seis de encierro, de miedos, de intimidad familiar, de angustia por el futuro; pero también de mirar al más allá, al infinito, donde se fortalece la fe y se construye la esperanza, y se toca el amor. Estamos recluidos, pero no vencidos, todavía podemos mirar al cielo y rozarlo con la fe. Encontremos nuestras miradas allá arriba, que, como en el campo abierto, no hay rejas, ni vallas, solo horizontes, todo libertad. En un mundo descreído, egoísta, quizá solo nos quede la esperanza de que Alguien, desde arriba, nos mire con bondad, con ojos de misericordia, con una sonrisa paternal, y nos salve. Miremos al cielo, Diario, y, como El Principito, creamos en lo Invisible (18:14:13).

viernes, 20 de marzo de 2020

20 de marzo de 2020. Viernes.
OLVIDO CLAMOROSO

Porque desaparezcan estos nubarrones del cielo. Murcia.

-Un día crudo y feo, como un zarpazo de dinosaurio. Día nublado arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra, donde el virus coronado no deja de incordiar y encerrar en sus casas a la gente. Sin embargo, qué triste la soledad de los cargados de años y de achaques: muchos siguen olvidados en su eterno y triste confinamiento. Los hay que no tienen quien los llame ni a quién llamar. Otros sí tienen quien los llame, pero estos no tienen voluntad de hacerlo, o porque se han dormido en los laureles de su despreocupación, o por un olvido clamoroso. Espero que algún día no les pasen factura a ellos estos descuidos imperdonables. Olvidar a los mayores en cualquier tiempo, pero más en tiempos como este, es un sacrilegio. Es como matar a Dios en el anciano, en el ser que un día era él quien amaba, el que costosamente, y con su trabajo, sacaba adelante la casa, el que se quitaba el pedazo de pan de la boca para que pudiera alimentarse la familia; es decir, las madres y padres de entonces son los descartados de ahora. Mi pequeña oración de hoy, Diario, va por ellos, por sus arrugas, por sus ojos cansados, por su torpes pasos, por su debilidad, para que no les falte el cariño y el respeto de los suyos, que el amor los hará más fuertes y confiados, más felices en su vejez (18:35:05).

jueves, 19 de marzo de 2020

19 de marzo de 2020. Jueves.
INCÓGNITA

Ya se ven brotes nuevos, en el jardín. Torre de la Horadada. 

-Estos días, al despertar, pienso y me pregunto lo mismo, supongo, que cada cual: «¿Pasará este día sin contagiarme?» Incógnita. Y es que como dice Bieito Rubido esta mañana en ABC: «La duda es siempre la búsqueda de la vida». Entre vacilaciones y titubeos, entre afirmaciones y reniegos, siempre andamos tras la vida, que se nos escapa, se nos escurre por el tiempo, aunque, al final, trate de demorarse y se parapete tras la vejez. La vida es una vejez que se alarga, desde que se nace hasta que llega la poda del árbol, su final. Pero del fruto caído en tierra, nace otra nueva vida, que se prolonga de nuevo en la vejez, y, así, hasta llegar a tocar con nuestras viejas manos, y entre dudas, la inmortalidad. Ser inmortal, o el sueño de la felicidad, con Dios rondando por ese mundo en el que ya vivimos, Diario, desde la fe (19:07:35).

miércoles, 18 de marzo de 2020

18 de marzo de 2020. Miércoles.
UN ANIMAL TEMBLOROSO

Al final se hace la luz, pero antes hay que pasar el túnel. Torre de la Horadada.

-La epidemia (el covid 19, o coronavirus) avanza, y el ser humano aparece cada vez más empequeñecido, más débil: un animal tembloroso. Si hubiera un lugar más alto que nuestra superioridad, nos veríamos como insignificantes hormigas asustadas, huyendo hasta de nosotras mismas. La insignificancia ha oscurecido a la prepotencia. Como en un eclipse de sol, la luna ha logrado tapar al astro rey, y convertir a éste en un borrón de tinta negra. Pero el sol, a pesar haber sido nublado, como tachado por la luna, reverbera por los lados, se desborda del cerco de oscuridad en que lo ha metido la luna, desea seguir iluminando, dando vida, hasta que, al fin, lo logra. Y es que como dice Rafael Narbona, hablando de La Peste de Albert Camus, y trayendo aquella situación a la de ahora: «Nuestra campana de cristal se ha agrietado. No somos invulnerables». En estos días de reclusión, temo por la convivencia, por la mirada amiga, por la palabra amable, sosegada, misericordiosa. Hay veces que el egoísmo prevalece sobre la fe y el amor, y nace la desconfianza. Desconfianza que, sin embargo, trato de apartar de mí, Diario, para fortalecer mi fe y, con la fe, el amor, y así poder extender la mano y darla, y, con la mano, la mirada, y con esta, una palabra amable, que consuele, que alivie de tanta soledad, que nos pueda salvar al otro y a mí, recomponiendo así la campana de cristal agrietada (18:17:47).

martes, 17 de marzo de 2020

17 de marzo de 2020. Martes.
TODO ES BELLEZA

Con la que está cayendo, dirán los personajes del chaparrón.  Batalha. Portugal

-Me lavo las manos, apenas hablo, no salgo a la calle, no veo la tele, salvo lo preciso, gozo con la lectura, me traslada a otros sueños, me asomo al balcón y contemplo un paisaje sin gente, insólito, me aburro, pero menos, cuando esto ocurre, pienso en las personas que, por vocación, todos los días hacen clausura, y no han perdido la alegría ni el deseo de vivir, pienso con emoción y lágrimas en mi familia, ahora lejos y amada, escribo con la lentitud y el placer del que hace códices iluminados con dibujos y letras preciosas que embellecen la visión de la lectura, y rezo, como el que pone el amor y los cimientos a los quehaceres del día, a su adversidad y a su grandeza, a sus latidos siempre hermosos. Con el rezo, me nacen latidos nuevos para alentar esta vida en la que nos movemos, y que, a veces, como ahora, anda tan cercana a la desgracia y al caos. Pero, sin embargo, todo es vida, acontecimiento con cerilla que luce y espina que duele: todo es belleza. La espina en el rosal también es belleza, pues si sigues el ascenso de sus púas, llegas a la rosa, donde está la excelencia. Hoy me han aconsejado no salir a la farmacia, y he obedecido: se notaba el miedo en los ojos de los que aconsejaban. Tienen miedo a contagiarse. Como un servidor. Y no salgo. Pero a mí, que no me gusta molestar, decido molestar al enfermero, aunque sé de buena tinta, Diario, que esto, para él, no es molestia, y le hago el encargo, que lo acepta y sonríe (18:38:43)

lunes, 16 de marzo de 2020

16 de marzo de 2020. Lunes.
¡HAYA LUZ!

En la oscuridad, que haya luz. Varsovia. Polonia. 

-Dice el Génesis: «La tierra era caos y confusión por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas». Es decir: la tierra, entonces, era caos, confusión, abismo, al principio. Pero Dios estaba allí, aleteando, silabeando ya la luz, la luz que evitaría el caos, la confusión, el precipitarse de la tierra en el abismo. La luz sería orden y colores, vida. Pues el caos, la confusión, son metáforas de espacios abismales, donde reinan los silencios, la oscuridad, los infiernos de Dante. Pero dijo Dios: «“Haya luz”, y hubo luz», y con la luz, y «haciendo camino al andar», se fueron formando las cosas: la noche y el día, las aguas de arriba y las de abajo, la hierba y los animales vivientes, se poblaron los mares y la tierra, y, una vez preparado el escenario, fue creado el hombre y la mujer, y todo estaba bien. Con la luz, la tierra se activó, y se empezaron a dar pasos hacia la normalidad: se instauró el orden y nació la paz, y el trabajo, y la vida en común, y la risa, y el llanto, y, con ojos admirados, se salió del miedo, que es lo que se espera en este momento de incertidumbre y de zozobra. Salgamos del miedo, Diario: hagamos, con Dios, la luz (18:34:50).

domingo, 15 de marzo de 2020

15 de marzo de 2020. Domingo.
LA HERMOSA RUTINA DE CADA DÍA

Brote de esperanza, en el jardín. Murcia.

-Anoche, a las diez, me uní al aplauso que sonó desde muchos balcones del país en honor de nuestros sanitarios, como un vuelo estruendoso de pájaros, y aleluyas de agradecimiento en el pico. Las Palomas saltaban de los aplausos y se posaban en los oídos atentos de España. Aplauso dedicado, además, a las personas que cada día hacen que el país ande, se mueva, coma, tenga esperanza, certezas quizá, que viva. No se nos puede arrebatar el deseo de celebrar la vida, que, aunque corta, la tenemos ahí, dándonos compañía, cortejando nuestros pasos y miradas, alentando nuestras ilusiones. Soñando. Es decir, haciéndonos libres. Hoy, los viejecitos de la Casa no nos hemos podido reunir para celebrar la santa misa en la capilla. Obedientes, y siguiendo el mandato del Obispo, hemos optado por la tele, la misa catódica, que se ve pero no se palpa, se oye y se vive, pero queda lejana, fría. Pero es lo que hay, y aceptarlo es un deber de ciudadanía, haciéndonos meditar de este modo en el milagro asombroso y festivo que es la vida. Y eso a pesar de los bichos y telarañas que nos cercan a veces. Decirte, Diario, que en la misa con el cardenal Carlos Osorio, he pedido que pase pronto este cáliz de la pandemia y volvamos, con luz en los ojos e himnos nuevos en la boca, a la hermosa rutina de cada día, amén (19:12:05).

sábado, 14 de marzo de 2020

14 de marzo de 2020. Sábado.
EL SUSTO EN EL ALMA

Negros nubarrones, en el cielo. Murcia.

-Bajo el cielo a mi altura, lo toco, y digo: «Oh, Dios, protégenos». ¡Tan cerca está! «Protegernos ahora, en esta hora de confusión y temor». Con la fe, la otra verdad que me libera, es que solo con las palabras puedo tocar a Dios, con las palabras y sus silencios, tan invisibles y tan cercanos como él. Con el susto en el alma, y cumplidos todos los protocolos que nos han ordenado –si no es para ir a la farmacia o al supermercado, no salir a calle; lavarse las manos cada dos por tres; evitar tocarse los ojos, la boca, la nariz, son caminos de perdición; estar un metro por lo menos del amigo al que me dirijo; no besar al hijo ni a la madre, son transmisores del mal; cuidado con el timbre de casa, puede morder; etcétera–, solo me queda mirar al cielo y pedir a Dios que no lo cierre del todo, que deje una rendija por la que mirar y enviarnos su ayuda, Diario, ahora (¡ahora!) que tanto la necesitamos. Amén (19:06:07).

viernes, 13 de marzo de 2020

13 de marzo de 2020. Viernes.
FRÁGIL VIRUS SIN DIENTES

Bebiendo de la fuente, Iglesia del Nacimiento. Belén. Israel.

-Y vino el pez chico, el caballito de mar, y mordió al tiburón, que se revolvió furioso. Voló una mariposa y tembló el Everest: entonces la montaña tiró piedras y aludes sin lograr alcanzar al insecto: este se había hecho invisible. Un pequeñísimo y muy frágil virus sin dientes, ciego, salió del microscopio y atacó e hirió de muerte al mastodonte llamado humanidad, y temblaron los pilares de la tierra. Nunca se puede ser un héroe, si no se ha pasado por una pandemia. Las pandemias son las batallas de lo mínimo, lo insignificante, contra la soberbia de lo grande y musculoso. Estoy de acuerdo: el virus mata, pero no tanto como una guerra o la vejez. Mientras la guerra mata y la vejez destruye, y lo asumimos, el virus, más escandaloso, pero infinitamente menos dañino, nos llena de terror y susto, y, como niños, nos ponemos todos a llorar melancolías. Lloremos, mas sin desgañitarnos, que la vida (Dios mediante) va a seguir, y sigue, asustada, sí, pero con otra luz en los ojos, la de quien sale de una oscuridad prolongada. ¿Qué si tengo miedo? Desde luego, Diario. Sin embargo, digo con Cavafis: «Arte de la Poesía, trae tus fármacos, / los que hacen –por un momento– que no sienta la herida» (18:41:07).

jueves, 12 de marzo de 2020

12 de marzo de 2020. Jueves.
EL QUE CUENTA ESTRELLAS

En el jardín, contaba las estrellas. Torre de la Horadada. 

-Hoy, a pesar de aparecer como un día espléndido, soleado, azul, alguna neblina, sin embargo se ve todo más negro. Como si hubiéramos entrado en el túnel del tiempo. Túnel en el que nada se ve y solo se oye el ruido estridente y confuso de las ruedas del tren en el que somos conducidos hacia el caos. El color negro, como aullidos de lobo en la noche, es lo que está al otro lado de la esperanza. Pandemia se llama esta negritud que no nos deja ver, ni soñar, ni siquiera pedir auxilio. Yo, encerrado en mi habitación, solo oigo lo que no se oye. Aquí, en Murcia, se ha suspendido el mercado de los jueves –silencios pues en la Avenida de la Fama–, no ha habido besa pies del Cristo en la iglesia de San Juan –se evita lo divino–, no se permiten ni abrazos ni estrechar las manos –se elimina la ternura–, nos saludamos sin mirarnos –huimos–, nos asusta la tos seca –dicen que es camino que nos lleva al virus–, nos invitan a tomar cada quince minutos un sorbo de agua –para así ahogar al invasor–, y lo hago, y así hasta mil soluciones, de las que alguna tomo en serio, como responsabilidad. También me protejo en la oración, como escudo, no por debilidad, sino subido a la fe, desde donde las cosas se ven de otro modo, con horizontes más dilatados, y donde a lo lejos se adivinan cojos que corren como ciervos y ciegos que ven en la trascendencia. Y parodiando a Borges, Diario, diría: Ser, en la vana noche, el que cuenta las estrellas (18:31:26).

miércoles, 11 de marzo de 2020

11 de marzo de 2020. Miércoles.
AÚN NO HAS VIVIDO

Escala de Jacob, todo es posible. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Lo primero que hago esta mañana de luz y árboles abiertos es lavarme las manos –recomendación contra el coronavirus- y la mente, para librarme de la tentación del desmoronamiento. Desmoronarse es quitar las plomadas (la fe, la esperanza, la piedad) y que todo se venga abajo; o desdibujar el edificio, apartándolo de sus cimientos. En el dibujo del plano del edificio son los números los que mandan, en el de la vida, las convicciones. Convencido de algo, dices amén y todo se reconstruye más bello y estable, más bosque lleno de árboles con nidos, y ardillas. Utilizando la fe, hasta el miedo toma forma de pastor que conduce su rebaño. Las convicciones hacen el mundo y se visten de misericordia. Siempre una convicción vence a la serpiente, aunque ésta se llame virus, ponzoña, o contagio coronado. Y no olvides, Diario, que con una pizca de fe del tamaño de un grano de mostaza, puedes mover montañas, y hacer que hablen los silencios, y que una madre y no el Estado, cuide de su hijo; y es que como diría Franz Kafka, si tienes miedo a morir, es porque aún no has vivido (18:59:08).

martes, 10 de marzo de 2020

10 de marzo de 2020. Martes.
PAVOROSO NEGROR

Luz en el bosque, en la Selva Negra. Alemania. F: FotVi

-Cuando despierto por las mañanas nunca se me ocurre rezar: estoy todavía metido en sueños, y rezar con el sueño encima es decir palabras vacías, de contenido turbio. O sin contenido. Palabras que se lleva el viento, por ir ligeras de carga, de significado. Por eso lo primero que hago antes de rezar es afeitarme, tomar la ducha, limpiar los dientes, y dejar que salgan de los ojos los pájaros atolondrados que aún los habitan. Y es entonces cuando, con mis sentidos libres de adhesivos, me pongo y rezo, y la libertad y Dios me pueblan la boca. Como si masticara la verdad o la necesidad, o la fe en la que viven instaladas la libertad y Dios. Después de rezar, leo la prensa, una prensa triste y apocalíptica: el coronavirus salta de sus páginas como una zarpa inevitable que, sin dar respiro, va haciéndose dueña del mundo. Va aplastando poderes, cerrando escuelas, estadios, ¿iglesias?, el amor, la caridad; hoy no es un día, como en la niñez, de pan y juegos en la calle, es día de esconderse tras la puerta de casa y ver pasar la muerte en forma de virus coronado. Y esto cuando era delicioso vivir en la ciudad alegre y confiada, en «un sitio acaudalado en salud y buena fortuna, un lugar lleno de ríos», como dice Leila Guerriero. Había decidido no salir a pasear, pero, al fin, he salido: no deseo que me pueda el pavoroso negror de verme muerto. Si me pilla la tragedia, Diario, que lo haga contemplando las sombras del árbol, el vuelo quebrado de las mariposas, el caño de agua de la fuente del jardín, y así todo será más feliz y llevadero, musical (19:00:12).

lunes, 9 de marzo de 2020

9 de marzo de 2020. Lunes.
BIBLIOTECA PERSONAL

En mi biblioteca particular. F: FotVi

-Y el verderón no ha vuelto a cantar frente a mi ventana, aunque queda en el aire el recuerdo de sus versos musicales, de sus solos de violín inspirado. Y su mirada en el momento de la despedida, que elevé a la categoría de mirada amiga, y que no olvidaré. Despedida con la que he soñado muchas veces, y con la que intento vivir. Los recuerdos hacen de la vida un libro de memorias, dentro de ti, como una biblioteca personal por la que transitas con frecuencia. Ya decía Aldous Huxley que el recuerdo de cualquier hombre es literatura privada. Literatura privada e intransferible. El recuerdo de un libro que te ha conmovido, te hace volver a él, como el sabor del pan que comiste de niño, o la bondad de la mano que, dejada en tu frente, te alivió la fiebre. Casi siempre la mano de la madre, en la que se te acerca su corazón, que notas latir conmovido. La madre buena es el reflejo del rostro de Dios que siempre queda en tu biblioteca particular, donde laten en silencio, Diario, los libros más hermosos y destacados, los que te permiten vivir (19:27:52).

domingo, 8 de marzo de 2020

8 de marzo de 2020. Domingo.
LA MUJER PERFECTA

Poema de la mujer perfecta. Murcia. F: FotVi

-Se abre el domingo como un día en que aparece la maravilla. Y maravilla es llegar a domingo y poder decir esto, sin que suene a mal chiste o a baladronada. Hasta para el pobre-pobre de Pablo Neruda es un día de maravilla, pues podrá salir a alargar la mano sin frío y con su voz, libre de refriados, proclamar su escasez, o su poesía en la escasez. Hoy es el día de la mujer: de mi madre Francisca, trabajadora y sonriente, aún en la desgracia (con dos hijos –niños– enfermos); de mi primera maestra en el parvulario, Sor Matilde, la que me enseñó las letras y alguna oración, siempre cariñosa y adornada de un bella celeridad contagiosa; y de la primera mujer que, sin pedírselo, me dio de merendar después del rosario, un día de mucho frío, la Tía Teresa, mujer de caridad sin aspavientos, madre del sacristán. Y otras muchas, que han ido forjando mi vida y dándole claridad a mi sacerdocio, impregnándolo de inspiración y de vuelos poéticos, y sinceros. También éticos. Toda mujer, para un servidor, es un don de Dios, que entra en la vida para que la Historia se mueva un poco, y así hacerla más luminosa, y más himno, y más belleza. Hoy digo mujer y saltan en mi boca todas las mariposas y aleluyas que hay en ella, y las dejo en el recuerdo de mi madre, donde siempre alentó, Diario, el poema de la mujer perfecta (19:16:18).

sábado, 7 de marzo de 2020

7 de marzo de 2020. Sábado.
¿VOLVERÁ MAÑANA?

Me mira y canta, en el jardín. Torre de la Horadada. F: ForVi

-El día un poco más fresquito que ayer, pero espléndido. Hay un pájaro, un verderón creo, que me mira desde el árbol, y a través de su mirada me envía su canto, que es fino como el cristal. De pronto parece que se fuera a quebrar, pero no, el canto se vuelve más dulce y claro, como si estuviera hecho de fibra de  luz, y la fibra se dobla pero no se rompe. La luz siempre fluye recta, como la inocencia del niño o el tallo de trigo. Hace tres días que este pájaro viene al árbol que cae frente a mi ventana y canta; creo que para mí. No hay nadie más que lo escuche, ni que lo ame como yo. Eso creo. Nadie pasa bajo el árbol, nadie lo puede oír, salvo un servidor al que mira y a quien dirige y celebra sus músicas. Cuando acaba el concierto, variado, lírico, emocionante, hace unos gestos que yo entiendo de despedida, lanza su última sílaba musical, Diario, y se marcha. Y me queda la duda: ¿volverá mañana? (19:26:42).

viernes, 6 de marzo de 2020

6 de marzo de 2020. Viernes.
BAÑADOS DE AZUL

Contemplando las cosas desde el azul, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Todos los árboles y tejados, con la torre de la catedral allá al fondo, aparecen, en Murcia, bañados de azul. Aquí, donde el coronavirus, esa especie de plaga egipcia, aún no ha llegado –toco madera. Es como si el azul espantara a esa cosa maligna. El azul es el color del agua y del planeta, y donde la palabra y sus silencios también son azules, y la inocencia, y la transparencia del alma del niño. El azul es el color de la espiritualidad, donde casi se vislumbra el alma de las cosas y sus sueños, y hasta, en ocasiones, sus cicatrices. Luego, Diario, se ha ido torciendo el día: el azul ha ido dejando paso a unas nubes blancas como lana y a un viento, en las esquinas y en los árboles, revoltoso y enredador. Yo, entonces, he pedido que nuestras vidas se vistan de azul, y, si es posible, que Dios sea el pincel que nos diseñe, y, con amor, nos libere de nuestros miedos y cobardías, de nuestros fantasmas, dejándonos soñar sin velos ni tormentas en los ojos (18:54:45).

jueves, 5 de marzo de 2020

5 de marzo de 2020. Jueves.
LA OTRA EPIDEMIA

La terrible Gorgona, en Las Canteras. Las Palmas de Gran Canaria. F :FotVi

-Te acuestas con el bicho coronado y te levantas con la misma música de alarma. Coronavirus para allá y coronavirus para acá. Y el miedo, como un depredador insaciable, nos acosa. El miedo es libre, pero igual lo es la esperanza, y yo me digo que por qué no vivir más en la esperanza que en el miedo. Ocultar, por ejemplo, los números de los contagiados y hablar de los millones de seres que todavía no han sido alcanzados por este pequeño demonio, o por esta falta de ortografía encontrada en este bello libro de la vida. Los medios de masas nos acribillan todos los días con cientos de mensajes de intimidación, que si hay cien, doscientos casos más, y no veo que nadie hable de la esperanza, el más luminoso y eficaz de los antivirus, el médico más cuidadoso y maternal de todos. Qué hermoso aquello que dijo Martin Luther King en uno sus discursos, llenos de palomas voladoras y luces nuevas. «Si me dijeran que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol». La esperanza, con la fe y el amor, es una de las tres virtudes teologales, o las columnas talladas del templo de la vida, y que hurgan en el silencio de Dios. Sería bueno, Diario, que las dejáramos (a las tres) hacer un nido en nuestro corazón asustado, y que, de este modo, desterraran el miedo, la otra epidemia que nos hostiga (19:00:14).

miércoles, 4 de marzo de 2020

4 de marzo de 2020. Miércoles.
ESO CREO YO

El bichito en su trapecio, riendo. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Creo en Dios y, con condiciones, en la ciencia. Y también con condiciones en los que en lugar de a Dios pusieron a la ciencia en su pedestal. Es decir, soy agnóstico con respecto a la ciencia y creyente en Dios. No es que diga que no creo en la ciencia, que sí: creo en la ciencia, pero no hasta el punto de divinizarla. Lamento y rezo por los que han sido alcanzados por el virus coronado (mañana me puede tocar a mí), ese parásito microscópico, impertinente, glotón, sin elementos propios en los que poder sobrevivir, y que tiene la necesidad de refugiarse en una célula para poderse reproducir. Y es en este proceso de supervivencia, cuando el tal bicho puede ser dañino, hasta el punto de poner en alerta a sabios, a pobres, a ricos, a ciudades, a naciones (políticos), y hacer temblar y acongojarse al planeta, con gemidos y lágrimas de impotencia. Es entonces cuando caen en la cuenta de que la ciencia (esa diosa) que habían colocado en el pedestal de Dios, no les soluciona todos los problemas, y, levantando los ojos al cielo, lloran la contrariedad. Y, como niños, se ponen a estudiar al bichito, que, bajo el microscopio, ríe, llora, se esconde, hace visajes (es como un Charlot inquieto), hasta que el sabio logra dar con su ADN o su ARN, y hallado el medicamento adecuado, destruirlo. Y en esas estamos: rogando y con el mazo dando; que una cosa, Diario, no quita a la otra, o eso creo yo (19:02:58).

martes, 3 de marzo de 2020

3 de marzo de 2020. Martes.
LUGAR DE MARAVILLAS

Despertando al nuevo día, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FoTvi

-Al despertar, bostezo, y se me llena la boca de luz, con un misterioso gusto, como de sueño masticado. Y es como si rumiara el silencio, o la sed, o la tranquilidad del dormir sobre el lado izquierdo. Todo envuelto aún en un medio sueño que me empaña los ojos. Ayer fue un día ventoso, hoy, por el contrario, un día sereno, aunque nublado. Antes de llegar al baño, doy unos traspiés; y digo: «Vicente, despierta», y vuelvo a bostezar, y, con el bostezo, me viene una sonrisa a la boca, con gusto de hueso de dátil lamido y relamido. Me afeito, me ducho: por fin, despierto. Rezo, desayuno, y leo la prensa: el mismo ramillete de cosas leído ayer. El coronavirus invasor; y el Doctor Chiste haciendo de las suyas, es decir, haciendo lo contrario de lo que prometiera antes de las elecciones. Lo que nos puede crear un serio peligro. Pues como dejó dicho Víctor Ruiz Iriarte, dramaturgo: «El delito de los que nos engañan no está en el engaño, sino en que ya no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca». como el hortelano la mala hierba en su huerto, nos cortan los sueños, con tijeras grandes. Con el Doctor Chiste acabó el poder soñar: mató el sueño de la verdad, acabó con la capacidad de poder vislumbrar en próximos sueños, Diario, lo que pueda ser la utopía, ese lugar de maravillas (13:05:26).