21 de febrero de 2019. Jueves.
RECUERDOS
Jugando en la Plaza, en Molina de Segura. |
-Como ya he contado,
ahora que me han ascendido del octavo al quinto piso –descenso-ascensión– y
revolviendo libros, me he dado con un opúsculo de mi gran amigo don Julián
Chicano, poeta, escritor, sacerdote, y que titula Recuerdos de días inolvidables y ya olvidados. Y es hermoso que sus
primeros recuerdos sean para su Escuela: «donde se aprendía –dice él– a ser
personas de futuro». Y para los Maestros, ahora llamados profesores, nombre
aquel, dice, «más entrañable, más cercano y más respetuoso». Y con devoción da
los nombres de aquello hombres y mujeres, que, por sueldos de hambre, daban sus
vidas y la luz de sus conocimientos a todo niño que se acercara a ellos. Y los
libros: uno solo», manejable y sabio, en la «cartera, y donde también iban los
cuadernos, la pluma, el lápiz, y la ilusión por aprender. Todo metido allí:
latente y nervioso, con los sueños. Luego habla de los juegos, aquellos juegos
que se inventaban como el poeta inventa versos, o el hormiguero, hormigas.
Porque como dice don Julián: «La imaginación es el arma principal del niño». En
la Plaza Vieja, donde el mercado de los domingos, se jugaba al fútbol con un
balón de trapo. A veces, en vez de dar una patada al balón, le dabas a una
piedra y salías trasquilado. Se jugaba a todo y con todo: como «al marro cadena»
o «al marro la guardia», o a «las caras», con las monedas de entonces: las «perras»
(cinco céntimos) y los «perrogordos» (diez céntimos), y «la trompa”: liabas un trompo
y lo lanzabas a bailar, hasta agotarse, y así todos los juegos, de pobre, sí, pero
divertidos e imaginados por los niños, como las birlochas y las guerras,
incruentas, pero terroríficas. Y, con estilo sobrio y elegante, Diario, va
hablando del pueblo y sus avatares, de sus gentes y devociones, de sus risas y sus
llantos, como un cronista inteligente y preciso de la villa de Molina, que en un tiempo se llamó la Seca, y luego, de Segura, por el agua que riega y da
esplendor a su huerta y a sus gentes. Gracias, don Julián, y que Dios te
bendiga en tu hermosa y generosa ancianidad (18:19:25).
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