miércoles, 22 de marzo de 2017

22 de marzo de 2017. Miércoles.
LA SED

Gotas de agua, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Veo una gota de agua que cae y a la que espera un pico de pájaro abierto: si va al pico -pienso-, salvará una vida, si al polvo, hará un pequeño cráter de arena y continuará la sed. El pájaro aletea mientras espera con el pico abierto. Yo, en el sueño, sufro por el pájaro. Antes de que acabe de caer la gota de agua, me despierto, y respiro, con pavor. Hoy, día mundial del agua, tengo este sueño de ansiedad y aridez, de trago y carencia. Asusta pensar cómo derrochamos el agua, cómo la malgastamos. El agua no es bien infinito, sino recurso que puede agotarse. Imaginemos un mundo sin apenas agua: el mar disminuido, los ríos desvanecidos de corrientes bravas y constantes, unas pocas charcas donde se aculan hombres y fieras, todos con sus armas de guerra desplegadas. La Tierra a punto de ser Marte, o la Luna sin mar donde mirarse. ¿Por qué no pensarlo así, Diario, y horrorizarse? (19:47:26).

martes, 21 de marzo de 2017

21 de marzo de 2017. Martes.
BESO

La abeja, florecida con la flor, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-«La justicia y la paz se besan», proclama, con júbilo y fascinado, un sabio poeta salmista (poema -o salmo- 84). La justicia y la paz, en la Escritura, siempre van de la mano, en racimo. La una no se da sin la otra. La paz se pega a la justicia, como la sombra a la luz, y la sigue al igual que la abeja a la miel de la flor. Las abejas parecen florecer con la flor de los árboles. Primero el pan de la justicia, y luego el bocado de la paz. Sin mesa redonda, donde todos participen de la rebanada de pan y del vaso de vino, y se intercambien miradas y palabras, y preocupaciones, nunca habrá paz. Las guerras son el resultado del egoísmo y la avaricia de unos pocos, sentados a la mesa de la opulencia, y la desesperación de los que miran desde el hambre y la penuria cómo eructan, tras el bocado y el trago, los otros. Eructan moles barrigudas. El día que se establezca la justicia y el derecho en el mundo, Diario, la paz besará la tierra, y será derrotado, definitivamente, el pavor de la guerra, su apocalipsis destructor (20:25:31).

lunes, 20 de marzo de 2017

20 de marzo de 2017. Lunes.
BELLA MENTIRA

La fragilidad (o la primavera), en el jardín. Torre dela Horadada. F: FotVi

-Llega la primavera y se instala en el árbol, en el ave, en la publicidad, en los grandes almacenes. Todo es luz y oropel, realidad y reclamo, una especie de bella mentira que suena a verdad. Es como si, ante el sonido de una campana, te quisieran hacer oír el aleteo de las alas de una mariposa. Y eso que para los oídos sensibles, el volar de la mariposa también es un hermoso ruido que oscila y crea música, agitando el aire; y el mundo. Me encantan las mariposas en primavera, son las únicas que no mienten: ellas solas, Diario, son capaces de hacer, con su fragilidad y sus colores de purpurina, la luz frágil y la verdad, incomparables, de la primavera (19:19:36).

sábado, 18 de marzo de 2017

18 de marzo de 2017. Sábado.
BUEN DÍA

Con gozo, recibiendo el sol de la mañana. F: FotVi

-Me despierto, bostezo, miro al cielo y digo: buen día, buen sol: la vida sigue. Y me pongo a rezar. Para mí, rezar, es empezar el día con buen pie y la mente despejada; buen pie para poder dar pasos en la buena dirección (no en la sinuosa o desviada o perdida dirección), y la mente abierta al asombro, y, ante las cosas que me rodean, ser capaz de hacer ¡oh!, y deslumbrarme. Rezar es dejar que, en la boca, haya palabras de luz y liberación, de esperanza y trascendencia, nunca palabras vencidas o esclavas, falsas. Las palabras que rezo, van más allá de cualquier horizonte: cruzan el espacio y el tiempo, y la lógica, y quizá no sepan exactamente adónde van, pero me hacen ser mejor y más exigente conmigo mismo. Rezar es tocar algo que se resiste a quedar entre los dedos, como el agua, como el viento, como la luz, pero que te hace sentir (con júbilo) que algo hermoso has tocado. Que lo has tocado y gustado. Lo sé, porque, una vez dichas las palabras, las saboreo, las volteo con la lengua y así las gusto otra vez, como un hueso de ciruela, luego de haberle comido la pulpa y haberla dejado desnuda, sin carne. ¿Y todo esto por qué? Porque, tras las palabras, queda la conciencia de haberlas dicho y masticado, o sorbido, y deletreado con amor; y porque como diría Frantz Fanon, escritor martiniqués: «La conciencia es actividad de trascendencia». Y es que la conciencia, Diario, está en las palabras que dices y en las que quedan dentro, si son buenas y voladoras, y van hacia arriba y no hacia el abismo, si se salvan de la vulgaridad y las dices con verdad (19:24:37).

jueves, 16 de marzo de 2017

16 de marzo de 2017. Jueves.
SANGRE HERIDA

La primavera, que, a pesar del frío, no es ficción. F: FotVi

-Ayer, en Los Arenales y Salinas de San Pedro del Pinatar, hacía un viento fino, sinuoso; aunque iluminado. Movía las plumas de los flamencos y rizaba las aguas del Mar Menor. Y, como si hubiéramos vuelto a un fastidioso invierno tardío, te hacía protegerte el rostro. Y, mientras, el mundo, erizado con la aspereza del cardo, dando tumbos de desgracia en desgracia, como un poseso por su propia destrucción. El mundo se desangra en el oriente próximo, en el Sáhel y el sureste africano, y en casi todo el planeta. No hay lugar en el mundo que no esté manchado de sangre, de sangre herida, desangrado por el odio. El odio ha subido al pedestal del poder del mundo. Odio en lo importante y en lo nimio, en lo que espeluzna y en lo que simplemente asombra. El resentimiento juega a las cartas con Podemos y Arcadi Espada y Antonio Lucas en lo referente a la misa del domingo en la televisión pública. Dice Arcadi que «la religión, en términos estrictamente estéticos, es la más exitosa de las ficciones basadas en hechos reales, el de la muerte». Y Antonio Lucas, que «algunas misas son un arma ideológica cargada de futuro». Cada cual con sus artefactos lanzallamas queriendo hacer estragos en los que creen, y en los que viven entregados a los demás porque creen. El necesitado no acude a Podemos, ni a Arcadi ni a Lucas cuando precisan ser ayudados, sino a la Iglesia, donde -según Arcadi- se vive de «ficciones»: quizá, la ficción de dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Y la de vestir al desnudo y visitar -en la tele- al enfermo. Y la de dar posada al peregrino… Y la de dar la razón a Podemos, a Arcadi y a Lucas, si la tuvieran, que, en mi inocencia de ser creyente de «ficciones», estimo que no la tienen, y no por nada, sino porque los mueve más una animosidad excitada y desabrida, que la tozuda realidad, que no es la muerte, Diario, sino la vida (20:12:03)

martes, 14 de marzo de 2017

14 de marzo de 2017. Martes.
¡AY!

Asombrada por mi risa, en el balcón. Murcia. F: FotVi

-Escurro el pañuelo de limpiarme las lágrimas de la risa que me da la sentencia del TSJC a Artur Mas y su compañía de títeres, por desobedecer al TC; escurro el pañuelo y lleno un cáliz de agua salada, que es el agua que destilan las lágrimas de la risa. Más o menos como las del llanto, sólo que éstas son más angustiadas y de mar, más de corazón roto y perdido. Dos años de inhabilitación y una multita de unos miles de euros, a pagar en cómodos y holgados plazos, como el que se compra un coche viejo, pasado varias veces por la itv. La justicia, Diario, es igual (ja) para todos (y todas). Apago la luz. Y sigo llorando de risa (¡ay!) (11:27:48).

lunes, 13 de marzo de 2017

13 de marzo de 2017. Lunes.
PALABRAS VANAS

Pensando dónde hacer el nido, en Murcia. F: FotVi

-Se pone el día de agua, y los árboles y las aves, de fiesta. Los árboles y las aves tienen sus raíces en la tierra, donde cae el agua para alegrarla. Se alegra la tierra y hace que los árboles florezcan y que las aves hagan sus nidos, amueblándolos de gracia y vuelos nerviosos. Los nidos, donde viven todos los sueños del ave, con sus primaveras y sus inviernos, sus vuelos y sus derrotas. Olvidados los días de verano que hemos vivido últimamente, todo el río vuelve a su cauce: el tiempo se viste otra vez de los bellos harapos (frío, nieve, oleaje) del invierno. Y he de decir que me gusta más oír la lluvia que un mitin o un sermón. Me gusta, sobre todo, la generosidad de la lluvia, su humilde esplendidez, aunque a veces rompa cauces y diga a los humanos que no está bien robarle sus vías y sus trayectorias de siglos de irse al mar. Los mítines y los sermones son, casi siempre, interesados: unos te venden la tierra y otros el cielo, pero llevándose, el que los dice, la comisión. Me gusta más el que dice pocas palabras y da algo a cambio, como una mirada amiga, un pedazo de pan compartido, un brazo al caído, o no dice nada y hace lo que diría si no le diera vergüenza decir palabras vanas. Engolar la voz es desafinar al hablar, y el hablar desafinado, siempre es una carencia, de verdad. Y es que como diría Gracián: «el no y el sí, son breves de decir, y mucho pensar». O decir poco, Diario, y completar el discurso con las manos y las miradas, con los pies y los silencios, y, en todo caso, con el corazón, que es el que hace los latidos y los convierte en servicio, sin propaganda (19:45:24).

sábado, 11 de marzo de 2017

11 de marzo de 2017. Sábado.
MI INTERIOR

Y se pidió a sí mismo, en una viñeta a ABC

-Tengo que huir, me digo; tengo que huir: y me dispongo a salir corriendo. No sé adónde, pero he de salir corriendo. ¿Hacia el mar, hacia la montaña, o a dar un paso hacia mí mismo y adentrarme en mi interior y desliar con cuidado trapos viejos y sueños nuevos, o solo decepciones? Desgarrarme por dentro, y andar por mis fondos, tocando, adivinando, pulsando buenas o malas intenciones, adivinando cosas sagradas, como a Dios («¿Dónde estás en la guerra?», le pregunto a veces, cuando doy con él, y me contesta: «En el sufrimiento»), o cosas más cotidianas, como a aquel que se encontró a sí mismo en una viñeta y se pidió dinero, o el otro que andaba perdido y se puso a leer un libro y, al pasar una página, alarmado, vio cruzar su sombra. Suele ocurrir. Si te metes en tu interior, Diario, todo puede suceder, hasta que alguien te llame por tu nombre y contestes: «No estoy», y sí estés, solo que revolviendo en tu intimidad, sin verte (19:39:03).

viernes, 10 de marzo de 2017

10 de marzo de 2017. Viernes.
CODICIA

Sabiduría en piedra, en Priene, Turquía. F: FotVi

-Se me aparece el día como una patena de luz extendida, echada sobre su misma melodía. Todo suena a placidez, a claridad viviente. En el pájaro, en el árbol, en el río, en el nadar del cisne, se mueve la claridad. También en las manos y en los ojos de las muchachas, y en el pie descalzo del mendigo. Todo es claridad. Hasta en el llanto: o claridad en las lágrimas. Lloras y se iluminan las lágrimas, como luces de rocío. Lo que no es tan claro, es la corrupción, esa pequeña diosa que todo lo entorpece, y que es oscura como el rostro negro de la noche. La corrupción, consecuencia de la codicia. «No hay vicio más execrable que la codicia”, decía Cicerón. El vicio, que es signo de desenfreno, de desvergüenza, de tropiezo del espíritu. Ser vicioso de algo, es ir tras el desorden, darle protagonismo al caos, meterse en la boca del lobo de la anarquía. Es derribar el edificio siempre inseguro y movedizo de la virtud. Sobre todo, dice Cicerón, si esto ocurre «entre los próceres y quienes gobiernan la nación, pues servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta, no ya inmoral, sino criminal y abominable». Criminal y abominable. Volver de vez en vez a Cicerón, Diario, da luz al alma y ennoblece la mente, pues siempre le da una nueva dimensión a las palabras, una dimensión de luz e insistencia en la sabiduría, que centellean (19:18:30).

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 de marzo de 2017. Miércoles.
LA MUJER Y LA ROSA

Rosa para la mujer, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Día de la Mujer, hoy; ¿y ayer, y mañana, y siempre? ¿O solo es una mentira hermosa que reluce un día, para apagarse luego como un atardecer brumoso, sin aves y con oscuras cortinas de lluvia al fondo? ¿O es solo un poema de un único endecasílabo bellísimo? No convirtamos en literatura (Lawrence Durrell) a la mujer, y dejemos que sea la nota musical de cada día en el convierto de nuestras vidas. Cada día, cada hora, cada segundo, es el día y la hora y el segundo de la mujer. Pues como dejó acuñado Solón (uno de los siete sabios de Grecia): «los dioses han dejado dos cosas bien hechas, la mujer y la rosa». Y Jorge Luis Borges: «Me duele una mujer en todo el cuerpo». Pero, como se ve, todo son palabras, vacías muchas veces, solo cáscara, sin gajo dentro, o con gajo amargo. Los derechos de la mujer son una almendra sin hacer, sin madurar. Un bocado triste, abatido; una excusa literaria, y, si me lo permiten, machista. Hoy se escribirán muchos artículos y ditirambos engolados, muchos mítines laudatorios y academicistas sobre la mujer; pero la mujer seguirá segregada y preterida en la sociedad, como un verso suelto y literario, que no hace poema. O, si lo hace, será discriminadamente ignorado, tristemente preterido; y hasta el año que viene en que volvamos a decir lo de la mujer y la rosa, de Solón, y lo de me duele una mujer en todo el cuerpo, del insigne Borges, argentino sin patria, por universal. Hasta el próximo año, Diario, que celebraremos una vez más el día barroco y fallido de la mujer, con mucha letra y poca enmienda, y con música de un vals triste (12:12:01).

martes, 7 de marzo de 2017

7 de marzo de 2017. Martes.
ESCRIBIENDO ESTRELLAS

Tocando el sol, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Abro un ojo, luego el otro, me desperezo y es el día. A poco, el sol toca en la ventana de la habitación y entra, dando color a las cosas, sacándolas de las sombras. Las pone delante de los ojos, como presas de la luz. Las sombras, entonces, se repliegan a armarios y cajones, asustadizas, temerosas, pero volverán al atardecer, cuando el sol ceda y deje paso a la noche, con su luna y su ejército de estrellas, titilando (palpitando) en el espacio, o en el charco, o en el mar. O en la mano. Si coges un poco de agua y la pones de cara al cielo: entonces, se te llena la mano de luces diminutas, vivas, como un pequeño milagro de la noche, y con Vincent Van Gogh, el pintor que más bellamente a emborronado cuadros, digo: «Si siento necesidad de religión, salgo a la noche y pinto las estrellas». De noche, Diario, y pintando (escribiendo) estrellas, en la mano (19:53:01).

lunes, 6 de marzo de 2017

6 de marzo de 2017. Lunes.
RECHAZO

Ducha goteando luna, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-De vez en cuando, entre el despertar y la noche, me vienen malos pensamientos de la edad. Que procuro desechar. Durmiendo, aún sueño con ángeles terribles y, a veces, con demonios cándidos, como que me persigue el miedo (ángel terrible) o que dejo caer la cabeza en el regazo de mi madre (demonio cándido). Tanto el ángel como el demonio me hacen despertar dando un grito: o de terror, o de ansiedad. De terror, si me despierto al tiempo de estar a punto de ser alcanzado por el miedo; y de ansiedad, cuando mi madre me aparta de su regazo y se vuelve dándome la espalda, sin decirme una palabra. Entonces grito, de pavor. Pero durante el día me vienen malos pensamientos de la edad, y también grito, pues siempre acaban en la muerte. A mi edad, me siguen malos pensamientos de muerte. Pero, pesando con Neruda, que «la poesía es blanca», y que, tras planchar la ropa limpia, «la castidad regresa de la espuma», Diario, los desecho (20:15:38).

domingo, 5 de marzo de 2017

5 de marzo de 2017. Domingo.
ESPERANDO

Casuarina nevada, desde mi balcón. Murcia. F: FotVi

-Hay un árbol, la casuarina, parecido al pino, que no lo es. Es espléndido, y crece como un coloso gigante. Llega a medir hasta treinta metros; yo, que vivo en un octavo piso, podría tocarle las melenas desde mi balcón. Es llamado «el árbol de la tristeza», y, cuando hace viento, parecen sonar violines, heridos estos por una cierta melancolía. En la calle paralela a la fachada de la Casa Sacerdotal, donde vivo, hay dos hileras de estos árboles, espigados, silenciosos, contemplativos, de hojas finas como alfileres. Bajo su esbeltez, zurean y pican sus semillas las palomas, y se arremolinan los gorriones. Yo, Diario, al pasar cada día, miro hacia arriba su vértigo y me imagino encaramado a su copa, casi tocando el cielo, esperando que el viento, al pasar por entre sus ramas, dé unas notas de violín sencillas, íntimas, cercanas cual el roce de una mano amiga, o el de un labio maternal. Esperando (19:25:16).

viernes, 3 de marzo de 2017

3 de marzo de 2017. Viernes.
ALACRANES

El deporte que ríe, en la inocencia. Gunnersbury Park. Londres. F: J. Walton.

-El deporte, a veces, también es humano. El deporte, aunque sea grito y sacudida, vibración, locura, es además latido, corazón, lágrima, turbación. En el deporte, si se presiente la tragedia, se sobrecoge el corazón, enmudece el asombro. Sucedió ayer en Riazor, un jugador caído en el césped y el grito se contuvo, se olvidó el gol, se paró la competencia. Con el jugador caído, se estancó el tiempo, unos segundos eternos, pero se detuvo; todo fue un clamor de silencio. Un «¡oh!» electrizado, en silencio. En un encontronazo brutal, Fernando Torres había caído fulminado al suelo. Y el público, mientras sus compañeros se tapaban la boca y contenían el miedo, y el llanto, enmudeció. También con las manos en la boca, el público presintió la tragedia. Y arreció el silencio y se frenó el grito. Hasta esta mañana, que nos han dado la buena noticia: Torres está bien, que ha dicho: «Espero volver pronto», y el mundo del deporte y sus incondicionales han respirado. Y los ultras a lo suyo: con sus alaridos, a llenar de estiércol sus bocas, sin piedad, dando coces al viento higiénico de Riazor. Ahora se estilan mucho estos comportamientos, en todas partes, como alacranes coléricos que matan, si pican; ejemplo: las gracietas contra los creyentes cristianos indefensos ante la ley y ante la sociedad, que ríe, enseñando sus dientes sucios y con mellas, y, aunque se crea emancipada, también, Diario, indefensa, desabrigada, esclava (13:16:30).

jueves, 2 de marzo de 2017

2 de marzo de 2017. Jueves.
DONDE REINAR

Templos derruidos, en Paestum. Italia. F: FotVi

-Ayer, con sol, viajé camino de San Pedro. Me llama el este, con el mar al fondo: el mar, rielando luces (peces) y aves. Dejaba en Murcia la casa que me cobija y cuida de mis últimos años de vida, preciosos. Jubilarse es el júbilo de hacer lo que quieres sin tener que pedir permiso al mandamás, o superior. Ahora los superiores quedan a trasmano, como un mal y evitable recuerdo. No es un recuerdo que moleste; es un recuerdo que ya no está. A esta edad mía, no están ni la mitra ni el «qué dirán» (también mitrado) y con báculo erecto, tan erguido que, a veces, solo se ve un bastón sin nada dentro. Como un cayado que no dirige ni concentra al ganado, como un signo de autoridad cansada y asediada. Ayer me llamaba el mar y me fui al mar, a soñar con Odiseo y sus avatares de aventurero sin escrúpulos, mentiroso y cínico, pero sublime. Es como decía Alfonso Sánchez, aquel inolvidable crítico de cine, de cualquier película de Hollywood: chico busca chica, y, al final, la encuentra. Al final, Penélope, con sus artimañas de esposa fiel, tejiendo y destejiendo, soñando y desoñando abrazos, y tragándoselos luego entre sollozos. Hasta que los sueños tocaron realidad, y esta se hizo fusión de almas, con Aquiles, en la paz del hogar. Decía Georges Perèc, escritor francés: «Vivir es saltar de un espacio a otro sin golpearse». O, en todo caso, golpeándose (por no poder dominarlo) solo con lo trascendente. Lo demás, como la política, el ascender, el descender, la luz, la sombra, la vanidad, la avaricia, el odio, la guerra, la paz…, son pequeños accidentes, que (si se tientan sueños y un mar en el que izar las velas) solo perturban un poco la vida, pero sin destruirla, sin que sean ruina definitiva; y entonces se puede llegar a la soñada isla de Ítaca, donde se cumplen los sueños y se empiezan otros, sin barcos pero con tierra donde sentirse libre y amado, y arar el suelo y que florezca el almendro, y el tamarindo, y que el silencio pueda escribir, Diario, los recuerdos y las bellas mentiras, tan reales, a veces, en nuevas odiseas. O donde reinar (12:22:51).

martes, 28 de febrero de 2017

28 de febrero de 2017. Martes.
ÉXODO

Éxodo de cristianos, en el Sinaí. Egipto. F: Prensa Latina.

-En el Sinaí, donde ocurrió uno de los primeros éxodos habidos en la historia de la humanidad. Aquel éxodo que guiaba Moisés con la autoridad de un bastón de pastor y los ojos puestos en el cielo que señalaba el camino y, que, en días de apuro, les daba de comer. El maná sabía a rocío y a pan, y a obleas con miel, y a tortas aceitadas. Dice el Talmud Babilónico que el gusto variaba según quien tomara este cosa bajada del cielo: miel para los niños, aceitunas para los jóvenes, pan para los mayores. Distintos sabores para un mismo bocado. Y hoy, sin que haya apenas cronistas que lo relaten, otro éxodo perturba el Sinaí. Cualquier éxodo es una salida del miedo, del faraón que esclaviza, del hambre, de la muerte. Y este nuevo éxodo responde a estas tristes y terribles circunstancias. Hay miedo, hambre, muerte; hay espanto. Y se produce la huida de cristianos coptos en Egipto. Del Sinaí a Egipto, al revés de la otra vez; sin saber si hallarán la tierra prometida, sin maná que llene sus sueños, sólo con lo puesto. Y la mirada a la espalda, por si los persiguen. Con los niños y lo poco que pueden sacar de sus casas al hombro; los niños, lo que más pesa y duele de la pobreza. Lo que hace llorar a su corazón. Un éxodo que no tendrá film que lo fotografíe ni biblia que lo perpetúe, un éxodo de silencios y sombras, con solo alguna iglesia acogedora, y alguna risa inocente de niño. Ricard González, en El País, da cuenta de este éxodo de ojos perdidos, de brazos sosteniendo a un niño, de fe en las pisadas. Ricard González escribe el éxodo de estas familias cristianas, que ponen su fe en las pisadas, y en los sueños; fe, Diario, que mueve a la esperanza, quizá (19:00:16).

domingo, 26 de febrero de 2017

26 de febrero de 2017. Domingo.
CONCIENCIA NEGRA

Tumba sumeria saqueada, en Dhahir, en Irak. F: Holly Pickett

-Después de tantos días con nubes hechas de arcilla, como barro de alfarero, sale el sol y se agradece. Y sale, desgajando nieblas y dando ímpetu y floración al árbol. El árbol, que empieza ya a mover sus entrañas; entrañas, que serán flor y luego hoja. O pintura sólida: el blanco y el verde, paletadas vibrantes que embellecerán el paisaje, y las miradas. Llenar una mirada de paisaje: o alegrar lo ojos y encender el alma. Todo es uno, como el corazón en la boca cuando dices luz, o puerta abierta, o me voy con los pájaros a volar. O a soñar. Mientras, me aterra esta noticia que leo: la destrucción sistemática y el expolio de ciudades milenarias en Siria y en Irak, como una demolición del pasado, de nuestras raíces históricas. Allí comenzó todo, en esas piedras, en esa realidad histórica destruida: las palabras (esa luz en la lengua), o la escritura (esa otra luz posada en el pergamino o en el papel, diciendo, aleteando, mordiendo, gritando en él), o lo que es la humanidad toda: su epopeya, su voz, su misticismo, su liberación ahora postrada. Pero lo peor está en que hay quien en Europa, en Estados Unidos, y en otros países, compran estas reliquias, estos dones del pasado: los perversos traficantes de todo, o el infernal mercado negro; negro como el tizón, negro como el vómito de un váter, negro, en definitiva, como una conciencia negra. ¿Podrá haber, Diario, algo más abismal, más tristemente oscuro, quemado, rabioso, envilecido, que un conciencia negra? (12:47:56).

viernes, 24 de febrero de 2017

24 de febrero de 2017. Viernes.
SEDA

Seda, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Y vino la justicia y puso a cada uno en su lugar: a unos, más en su lugar que a otros. Al indigente, en su indigencia; al pudiente, en su silla de pretor. La justicia, que dicen ciega, es, sin embargo, sensible: y huele, y oye, y sabe si la mano que estrecha es rugosa o lisa, y si el que pisa la moqueta donde ella ejerce, arrastra los pies o anda firme, haciendo ruido al pisar, como una descarga eléctrica. La justicia, que no ve, si advierte dónde puede haber peligro, y adelanta la nariz y olfatea dónde está la pólvora, y, allí, evita encender la cerilla. La justicia, aunque ciega, siempre da en el clavo, o con martillo o con guante de seda; pero esta vez, Diario, solo con seda, y sin guante (20:09:51).

jueves, 23 de febrero de 2017

22 de febrero de 2017. Miércoles.
COMENSALES DE LA LENGUA

En un lugar de la Mancha, en el Quijote. F: FotVi

-Recuerdo el tiempo en el que, o bien porque entendía el autor que todo el mundo sabía latín, o bien porque el que escribía era muy sabio (o muy pedante, perdón, que no se oiga), en un escrito en castellano, viniera o no a cuento, se metía un latinajo. Saber latín, entonces, era un galón, un signo de distinción intelectual, lo mismo que ahora el de dar la sensación que te manejas en inglés. Escribes y, si no pones dos o tres frases en inglés, el escrito es una fatalidad literaria. Si, hablando del paro, no pones un apparatchick (no haber tenido ningún trabajo); o hablando mal de Trump, make America great again (que América sea grande otra vez), o esto otro: Trump go tower (Trump a la torre); o del acto de fe del emigrante, i will survive (sobreviviré); si no dejas tiradas unas cuantas frases así por el escrito (sin traducción, por supuesto), eres un lerdo escritor junta-palabras que no mereces la más mínima consideración o deferencia. Y es que se considera que, si escribes como un recopilador de cagaditas de mosca (las letras), que vas poniendo una detrás de otra, hasta formar palabras (en español), que suenan a «algo», pero que, si no se aclara con un adorno en inglés, nada dicen o dicen muy confuso. Es lo que, por la visto, piensan estos escritores, cuando cogen el inglés y lo van espolvoreando por un escrito como si fueran las especias o la sal que dan sabor a un cocido. Yo, sencillamente, protesto, como lector y como escribiente de esta lengua, que no es vieja, sino eterna y, como diría en un antiguo artículo Francisco Umbral: «a ti dedico hoy mi crónica, viejo idioma que te repristinas cada día, señor feudal de las lenguas (…), herramienta de Dios (…), corral de los cafés, guirnalda de Cernuda y Garcilaso, actualísima voz de las muchachas». No desprestigiemos el castellano con voces traídas de otras lenguas, que a ésta, Diario, le sobran pan y plato donde sopar, sin que falte, por muchos que sean los comensales (19:32:53).

miércoles, 22 de febrero de 2017

21 de febrero de 2017. Martes.
EL LIENZO DEL PAPEL EN BLANCO

Sin vuelos, en Torre de la Horadada. F: FotVi

-A veces pienso que no voy a escribir más, lo pienso, y lo hago: escribo. Ir contra corriente es algo que me provoca y me llena la mente de acacias y otras historias, como echar migajas de pan a las palomas y que vuelen para mí o para alguien necesitado de vuelos, para un paria. O plantar una semilla y que crezca y se haga algo que siente, que oye, que dice. O no dice; solo está. Dice Eloy Tizón, autor de un libro terrible, hermoso, concluyente -Velocidad de los jardines-, que escribir es «llenar un hueco», «cubrir un vacío». El hueco o el vacío que siempre hay en un papel en blanco. Si miras el papel en blanco con detenimiento, verás que allí, en su interior infinito, hay cosas que se mueven y voces que, si pones el oído, se oyen. Y oír la sima de un vacío es algo impresionante, te hiela. Bien sea la sima donde andan las estrellas o las simas de la tierra, donde clama: o el agua de los torrentes o las musarañas. Y luego escribirlo, ponerlo tal cual es en el lienzo del papel en blanco. Como el pintor, con sus colores siempre nuevos, inquietos, siempre temblorosos por la emoción de cómo los dispondrán. Disponer letras en un papel, como colores el pintor, es una luz que brilla entre los dedos del escritor, como un acontecimiento de puzle por componer. Disponer, letra por letra, las palabras, y, palabra a palabra, el conjunto, es una aventura de orfebre del lenguaje para que éste brille y subyugue, e irrite, a veces, y conmueva siempre. Y llegue al lector con la pureza del agua y la claridad de un alma infantil. Hoy, Diario, quizá no diga nada interesante: nada de niños con hambre ni de la fe con obras, nada de Dios y sus silencios (o sus miradas, ¿mira Dios?, ¿desde dónde?), pero sí digo lo hermoso y terrible que es escribir, y lo cruel que es no hacerlo, pues en hacerlo, encuentras tu libertad y el tono del himno que cada día le haces a la vida, y que, desde la libertad, te llena de asombro, de pánico, con escalofríos de ave que vuela (11:26:45).