16 de mayo de 2014. Viernes.
LA MOSCA DE
MONTERROSO
Mordiendo belleza, en el jardín. F: FotVi |
-Se me ha aparecido una de las moscas de Monterroso (« ¿Qué se propone
uno con la filosofía? Enseñar a la mosca a salir del frasco», Ludwig
Wittgenstein, cita de Monterroso en su libro Movimiento perpetuo) y me ha revelado que el ser humano (en
general) está enfermo de depresión afectiva, o de melancolía coronaria, que
precede a la desesperación y a la muerte, y que no deja salir a la mosca del
frasco de la esclavitud y la miseria. No hay amor, sólo hay botella (odio) que
engulle moscas, y las mata. Mal asunto este de la exigüidad de amor para
sentirse libre e ir conquistando murallas y almenas al castillo interior de la
felicidad. La felicidad está ahí, en el amor, el amor que puede decirse y ser
oído, pero hay quien desprecia escalar este castillo, aun haciéndolo gateando piedra
a piedra y vértigo a vértigo, hasta mojar los labios en esa fuente de ventura y
gozo, que es el amor. He significado lo del amor «que puede decirse y ser
escuchado», porque el oro, el poder, el prestigio, la fama, el éxito, etcétera,
por ejemplo, ni oyen ni escuchan, ni sienten, son los dioses mudos de la Escritura, o los «no dioses»,
con máscara de dioses, pero sin oído ni boca, y sin alma que aliente la ternura.
Solemos decir: «El dinero lo consigue todo», ¿también la vida, la permanencia,
la felicidad, el amor, los sueños, la fe…? La mosca de Monterroso me ha dicho
que no, que el dinero sólo puede lo que puede y, de entre lo que puede, está el
crear diferencias, perpetrar injusticias, y alguna vez (y cuando falla la
justicia), obras de caridad, que es, con todo, Diario, la otra orilla, aunque
hermosa, de la justicia (20:18:55).
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