viernes, 20 de mayo de 2022

20 de mayo de 2022. Viernes.
EDIFICIO ROTO

Iglesia en Bucarest, Rumanía.  

-Miro en derredor y todo parece un drama, un vals triste de Sibelius, una corchea salida del pentagrama y empotrada en el ojo del director de orquesta. Entre el director tratando de eliminar la corchea del ojo, el de la trompeta tocando a lo Armstrong en un concierto clásico, y el guirigay del público, todo aparece como un edificio roto que se cayera a pedazos. La nuestra es una sociedad herida de muerte y apenas cae en la cuenta del desastre que se avecina. Sin principios, con leyes hechas a medida de demagogias, de desmanes partidistas, leyes miserables que bendicen la muerte y desprecian la vida. Y entretanto, más pobre cada vez la sociedad, las familias, el pueblo, y más indigente la pobreza y más sola y triste en la desgracia la soledad. Mientras, los políticos ríen y se dicen cosas terribles, groseras a veces, que quedan en un aplauso bobo e insensato de la propia bancada, la que apoya al provocador y camorrista. Ejemplo: el presidente del ejecutivo, Sánchez, llama a los servidores del Estado que defendieron en Cataluña la legalidad vigente, «piolines», echaron humo las palmas; luego policías y guardias civiles llamaron al presidente «sinvergüenza», no hubo palmas, solo indignación. Aunque la indignación como las palmas también se oye, solo que la indignación como un trueno, que aterra y acallan a las palmas, humillándolas. Dejo de leer la prensa y me centro en meditar el evangelio del día. San Juan me recuerda aquella frase de Jesús: «Que mi alegría esté en vosotros», como el silencio de la rosa o el vuelo de las aves, y, Diario, me dejo invadir por este destello de esperanza en un mundo entristecido e injusto, pero en el que todavía queda un Dios que ama y acompaña, y, si le dejas, señala caminos (13:03:21).

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