21 de mayo de 2020. Jueves.
APLAUSO DE JÚBILO
Aplauso cerrado, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi |
-Los
vencejos siguen dibujando su veloz y temeraria geometría en el cielo. Los
mirlos, verderones, palomas y tórtolas se dan cita en el jardín de la Casa, libre
de viandantes molestos, a causa del confinamiento. Solo algún despistado sale a
dar unos pasos con mascarilla. Pero, al poco, desaparece. Contemplado desde mi
balcón, todo es paz y armonía allá abajo. Un sabio dijo: «Mientras haya aves en
el cielo, habrá esperanza en la tierra». En el cielo hay vuelos; y pisadas en
la tierra. Pero estas pisadas nacen de una inteligencia, como las palabras que
dicen las cosas, o como los sentimientos que aman esas cosas; mientras que los vuelos
de las aves son solo instinto, su ADN, un impulso natural e irracional,
inconsciente. Es verdad que vuelan las aeronaves, pero estas son el resultado
de la inteligencia humana, que siempre sueña con ir más allá. Son sueños que se concentran en tocar la utopía, o perderse
en lo infinito. Las aeronaves, pues, son las pisadas del hombre en el cielo, a
un paso de las estrellas. Esta mañana, una de las veces que me he asomado al
balcón para respirar aire puro y un poco de paisaje, he oído
un aplauso cerrado, vivo, que me ha estremecido. Era el personal sanitario –he
deducido– que celebraba la salida del hospital de un paciente recuperado del
coronavirus. Un aplauso de júbilo, extendido, emocionado, más de cinco minutos. Yo
también he sentido esa emoción y he aplaudido, con lágrimas en los ojos. Se
celebraba la vida, el triunfo de la vida sobre la muerte. Bello, Diario: belleza estremecida (18:51:59).
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