domingo, 18 de octubre de 2020

 18 de octubre de 2020. Domingo.
ALELUYAS PARA DESPUÉS

Amanecer dorado, en Murcia. F: FotVi

-Despierto. Es domingo. «Alegre la mañana», tarareo. Me aliño. Rezo. Como el presentador de una de una gran función –la de la vida–, aparece el sol. Con tintes dorados y naranja, se esparce, glorioso, por el cielo. Cabalga sobre el azul. Ojeo en internet la prensa: malas noticias. No son días de buenos augurios. Los aleluyas los guardamos para después. Cuando vuelva la resurrección de la vida. Un simple virus, el que se instala en una célula y come de ella hasta destruirla, puede con todo. La ciencia especula, trabaja, sin dar con la solución para destruirlo. El microscopio, con el ojo avizor del experto, es, en este campo de batalla, la única máquina que lo puede vencer. Con paciencia: quizá la de Job. Luego he oído (he escuchado) la misa, en la televisión. Y me he unido, en espíritu, a toda la iglesia. El firmamento –me he gozado–, hecho catedral de Dios. La técnica también sirve a Dios, y lo dice, y lo expone, y lo hace rezo, oración. Plegaria que recorre los espacios, rozando estrellas, vistiéndolo todo de la presencia de Dios. Hoy, día del DOMUND, he recordado el lema inspirado por el papa Francisco: «Aquí estoy, Señor, envíame». En mi niñez, en mi juventud, si adulto, si con años: «Aquí estoy, Señor». Me recuerdo de niño, con una hucha de cabeza de negrito y una ranura, pidiendo por las calles de Molina. Para las misiones. Yo, entonces, con la ilusión hecha corazón de niño, volando, haciendo sonar en las huchas, con las monedas, el espíritu atento y alegre de la caridad. Metido yo, Diario, entonces, en mis sueños llenos de milagros, que eran luz, y júbilo inocente, y pestañeo agradecido: «¡Una moneda!», y reía, y corría de aquí para allá, y reía siempre (12:33:23).

No hay comentarios:

Publicar un comentario